27 mar 2026
La administración bonaerense de Axel Kicillof recibió el jueves un alivio en medio de semanas de tensión fiscal: el Gobierno nacional autorizó a la Provincia de Buenos Aires a tomar deuda por hasta $1 billón, una herramienta clave para recomponer caja y cubrir compromisos financieros ya asumidos. La decisión llegó en un momento sensible para las cuentas bonaerenses.
Aunque el monto impresiona, en La Plata aclaran que no se trata de plata “extra” para expandir el gasto, sino de una autorización para refinanciar vencimientos y reponer recursos ya utilizados. De hecho, la Provincia había afrontado a comienzos de mes pagos de deuda por varios cientos de miles de millones de pesos, lo que dejó un fuerte impacto sobre su liquidez.
La habilitación nacional no era un trámite menor. Si bien el endeudamiento había formado parte de las discusiones legislativas del paquete económico bonaerense, la Provincia necesitaba además el visto bueno de la Casa Rosada para avanzar. Ese aval llegó en medio de una relación política atravesada por cruces permanentes entre Kicillof y Javier Milei.
En la Gobernación leyeron la señal como un alivio técnico, pero también como un movimiento que le da margen al Ejecutivo para descomprimir la presión financiera de corto plazo. En especial, porque el gobierno bonaerense viene insistiendo en que la caída de la recaudación y el recorte de transferencias nacionales redujeron de forma drástica su capacidad de maniobra.
El tema venía ocupando un lugar central en la agenda de Kicillof. Este mismo jueves, antes de que se conociera la autorización, el gobernador reunió a más de 60 intendentes en La Plata para exponer el deterioro fiscal que atraviesan tanto la Provincia como los municipios. Allí volvió a apuntar contra la política económica nacional y advirtió sobre el impacto de la recesión en las arcas locales.
La decisión de Nación, además, llega después de una larga negociación política que tuvo capítulos ásperos en la Legislatura bonaerense. El oficialismo provincial necesitó tejer acuerdos para sostener su hoja de ruta financiera y defender el argumento de que el endeudamiento buscado no apuntaba a cubrir gasto corriente, sino a hacer "rollover" de pasivos y evitar una mayor fragilidad presupuestaria.
En términos políticos, la jugada también deja una foto incómoda para el mileísmo bonaerense. Mientras La Libertad Avanza acusa a Kicillof de usar la crisis como plataforma de confrontación, la Casa Rosada terminó habilitando una herramienta que el gobernador consideraba indispensable para sostener la administración provincial en un escenario de fuerte restricción.
En el entorno del mandatario bonaerense sostienen que este tipo de autorizaciones no resuelven el problema de fondo, pero sí permiten ganar tiempo en una coyuntura muy exigente. El Gobierno provincial mantiene abiertos reclamos por fondos adeudados, financiamiento previsional y transferencias frenadas, mientras busca sostener pagos, servicios y asistencia en un contexto económico cada vez más complejo.
Así, con el aval nacional ya sobre la mesa, Kicillof consigue algo de oxígeno para ordenar sus cuentas, aunque la pelea con Nación está lejos de cerrarse. En La Plata saben que el permiso para endeudarse trae alivio inmediato, pero no cambia el trasfondo de una disputa política y fiscal que sigue escalando entre Provincia y Casa Rosada.
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