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Simbolismo y falta de unidad

Marcha por el Día de la Memoria: la interna entre Kicillof y Máximo Kirchner volvió a quedar expuesta

El gobernador bonaerense y el líder de La Cámpora, actual diputado nacional, volvieron a mostrarse separados en la movilización por el Día de la Memoria. Sin foto conjunta, la interna del peronismo ya se proyecta de lleno hacia 2027.

25 mar 2026

Ni una fecha tan sensible como el 24 de marzo logró disimular la fractura. Axel Kicillof y Máximo Kirchner volvieron a marchar por separado en la movilización por el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, y dejaron otra postal de una interna que ya no se oculta ni en la calle ni en la Plaza de Mayo, que congregó a militancia y familias que se acercaron a la marcha. El quiebre, lejos de atenuarse, se volvió parte central del mensaje político del peronismo bonaerense.

La imagen fue elocuente. Mientras el gobernador bonaerense se mostraba en la sede de Madres de Plaza de Mayo y luego se subía al camión principal, la columna de La Cámpora avanzaba por otro circuito, con una parada cargada de simbolismo frente al domicilio que tiene Cristina Kirchner, en San José 1111 (CABA). No hubo foto compartida, ni saludo, ni intento de maquillaje para una tensión que ya se volvió estructural.

En el armado de Kicillof no disimulan que el 24M también funcionó como una demostración de volumen propio. El gobernador llegó rodeado por dirigentes del Movimiento Derecho al Futuro, intendentes, ministros y referentes territoriales que desde hace meses empujan su proyección nacional. La consigna “Axel presidente” volvió a sonar con fuerza y dejó en claro que la discusión por el liderazgo del peronismo ya entró en fase abierta. La "tercera pata" de la gran alianza peronista, el massismo, también marchó en la Plaza de Mayo aunque se movilizaron con dirigentes y militantes del Frente Renovador que lidera Sergio Massa por separado, distanciados de las columnas de La Cámpora y la convocatoria kicillofista.

Kicillof aprovechó ese escenario para endurecer su discurso contra Javier Milei y, al mismo tiempo, enviar señales hacia adentro. “Hay fragmentos de los discursos del Presidente que son idénticos a los de Martínez de Hoz”, lanzó, al trazar un puente entre el modelo económico de la dictadura y la actual gestión libertaria. También defendió a la expresidenta al afirmar que “Cristina es inocente”, en un intento de no romper del todo un hilo que sigue siendo indispensable dentro del universo peronista.

Del otro lado, Máximo Kirchner jugó su propio partido. La columna camporista salió desde la ex-ESMA y se detuvo en San José 1111 para saludar a la ex mandataria, que apareció en el balcón con un pañuelo blanco. La escena fue leída como un mensaje directo: el corazón político y emocional del cristinismo sigue orbitando alrededor de Cristina, incluso en plena discusión sucesoria.

La disputa no quedó sólo en los gestos. El líder de La Cámpora volvió a marcar posición al advertir que “es un error” pensar un peronismo sin Cristina, mientras que desde el camporismo también llegaron dardos más filosos contra el gobernador. Mayra Mendoza, una de las voces más alineadas con CFK, deslizó durante la jornada que hay dirigentes que “nacen con una columna en Clarín” y terminan siendo funcionales al poder económico, en una referencia que en el peronismo nadie necesitó traducir.

La pelea no es nueva, pero sí cada vez más explícita. Desde 2023, la relación entre Kicillof y La Cámpora se fue desgastando entre diferencias por el liderazgo, la estrategia opositora frente a Milei y el control del PJ bonaerense. En las últimas semanas, esa disputa también se coló en la rosca partidaria, donde ambos sectores buscan ordenar poder territorial, intendentes y lapicera de cara al próximo ciclo electoral.

En ese marco, la marcha por Memoria, Verdad y Justicia funcionó como algo más que una conmemoración. Fue una vidriera para exhibir musculatura, fidelidades y volumen político en un peronismo que todavía no resolvió quién va a conducir la etapa que viene. Mientras Milei sigue siendo el adversario común, la pelea por el liderazgo opositor a nivel nacional ya se juega en paralelo, y la provincia de Buenos Aires volvió a ser el tablero principal.

El cierre de la jornada terminó de confirmar el clima. Las columnas confluyeron en Plaza de Mayo, pero los dos principales protagonistas del peronismo bonaerense evitaron compartir encuadre. En tiempos donde cada gesto vale más que un documento, la foto que no existió dijo bastante más que cualquier discurso: rumbo a 2027, la disputa entre Kicillof y Máximo Kirchner ya dejó de ser un rumor para convertirse en una guerra abierta.

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