10 ene 2026
La muerte de un adolescente de 14 años en la madrugada del 3 de enero en Pergamino expuso una crisis sanitaria en San Andrés de Giles, donde vive el joven y gobierna Miguel Ángel Gesualdi. Derivado desde el hospital local por un hantavirus, su fallecimiento alertó a vecinos y autoridades sobre la falta de insumos, equipamiento roto y abandono de predios rurales que funcionan como focos de infección.
El Hospital Municipal de San Andrés de Giles fue escenario de críticas tras la tragedia. El joven había sido atendido primero allí y, bajo diagnóstico de "gripe", regresó a su casa. Cuando su cuadro se agravó, fue trasladado a Pergamino, pero ya era irreversible. La demora en la detección del hantavirus volvió a mostrar las falencias de un sistema colapsado y sin protocolos claros de derivación.
Según pudo saber Buenos Aires Noticia, vecinos y trabajadores denuncian que esta situación no es aislada y que el hospital carece de anestesistas y el equipamiento crítico falla constantemente. “Es mucho más que un descarte, hace tiempo que la infraestructura está en decadencia”, señalaron, subrayando que equipos esenciales se rompen y no se reparan, generando riesgos continuos para los pacientes.
La aparatología hospitalaria, sostienen las fuentes, viene fallando desde hace más de un año. Radiografía, respiradores y aires acondicionados muestran el abandono de la gestión local: algunos no funcionan, otros nunca fueron instalados correctamente. La falta de inversión y mantenimiento evidencia un desinterés sostenido en garantizar la atención básica a los vecinos del distrito.
La rotación de directores en el hospital también refleja la crisis administrativa. Cuatro cambios de conducción en un año, con ceses informales por WhatsApp, demuestran la falta de planificación y liderazgo. Desde hace años, distintos sectores advertían sobre el deterioro de la institución, que se profundizó desde los últimos años de la gestión de Carlos Puglelli (2014-2021) sin inversiones ni políticas de prevención, según reconstruyó BAN.
El problema no se limita a lo sanitario: la proliferación de roedores en terrenos baldíos y calles deterioradas aumenta el riesgo de hantavirus. Con tasas municipales en aumento y vecinos que reclaman sin ser escuchados, la comunidad vive entre miedo y frustración. El fallecimiento del adolescente visibilizó la urgencia de políticas de prevención urbana y rural que hasta ahora brillan por su ausencia.
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