15 abr 2026
La creciente conflictividad laboral y social en la provincia de Buenos Aires pone en jaque a la gestión del gobernador Axel Kicillof: el fenómeno se intensificó tras las elecciones de 2025, con foco en territorio bonaerense, impulsado por la caída de la actividad económica, despidos y reclamos salariales, sin respuestas concretas por parte del Gobierno provincial.
Distintos informes privados advierten que la conflictividad laboral se disparó en los últimos dos años, con al menos 700 episodios registrados en todo el país, muchos de ellos concentrados en Buenos Aires, el principal distrito afectado. Este incremento se vincula con un escenario económico marcado por ajuste fiscal, apertura de importaciones y retracción del consumo.
El impacto se siente con fuerza en el entramado productivo, especialmente en la industria, que concentra más de la mitad de los conflictos. Sectores como el textil, metalúrgico y alimenticio aparecen entre los más golpeados, con una combinación de despidos, suspensiones y cierres que explican buena parte de la tensión social. Ante esta situación, desde la cúpula provincial y en particular el ministerio de Trabajo a cargo de Walter Correa, no han podido dar muestras claras para solucionar los conflictos.
Uno de los casos más emblemáticos es el cierre de la planta de Fate en San Fernando, que dejó sin empleo a más de 900 trabajadores y expuso la fragilidad del sector industrial. La pérdida de competitividad y el aumento de importaciones fueron señalados como factores clave, en un contexto que ya venía deteriorando el empleo.
A nivel territorial, la provincia de Buenos Aires encabeza el ranking de conflictos, acompañada por distritos como Santa Fe y Córdoba. En paralelo, los municipios bonaerenses también enfrentan tensiones propias, con reclamos de trabajadores estatales, problemas financieros y demandas crecientes de servicios.
El frente estatal tampoco ofrece alivio. Los reclamos salariales de empleados públicos, docentes y judiciales se sostienen en el tiempo, mientras crece el malestar incluso en sectores sensibles como la policía bonaerense, lo que suma presión política a la gestión provincial.
En este contexto, la administración de Kicillof queda atrapada entre la caída de la recaudación y una demanda social en aumento. Sin margen fiscal y con conflictos que se multiplican, la Provincia enfrenta un escenario cada vez más complejo, donde la falta de respuestas concretas profundiza la incertidumbre.
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