7 abr 2026
El gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el lunes en La Plata una reunión con autoridades de las principales entidades pastorales evangélicas del país, en un encuentro atravesado por la preocupación por la situación social y el avance de la pobreza. La cita fue en la Gobernación y también participaron funcionarios del área de Cultos y la jefa de Asesores, Cristina Álvarez Rodríguez.
Según trascendió, durante la reunión se puso sobre la mesa el rol que vienen cumpliendo las iglesias evangélicas en los barrios, especialmente en tareas de acompañamiento, asistencia comunitaria y contención espiritual. En ese marco, tanto el Gobierno provincial como los referentes religiosos coincidieron en la necesidad de fortalecer redes de paz social en un contexto económico cada vez más sensible.
Del encuentro participaron representantes de la Federación de Consejos Pastorales Evangélicos de la Provincia de Buenos Aires (FECOPEBA), la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de Argentina (ACIERA) y la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE), tres espacios con fuerte inserción territorial y presencia en distintas provincias. En el caso de ACIERA, la entidad asegura nuclear a más de 15 mil congregaciones en todo el país.
La foto también se da en un momento de mayor articulación institucional entre el Estado bonaerense y los cultos evangélicos. En agosto del año pasado, la Provincia avanzó con el reconocimiento de la personería jurídica religiosa para iglesias no católicas, una medida celebrada por referentes del sector por facilitar su formalización administrativa y su vínculo con organismos públicos.
El trasfondo del encuentro no es menor. De acuerdo con los últimos datos oficiales del INDEC, la pobreza cerró el segundo semestre de 2025 en 28,2% a nivel nacional, mientras que en el Gran La Plata escaló al 31,5%, por encima del promedio. Ese escenario explica por qué tanto el Gobierno de Kicillof como las iglesias vienen poniendo el foco en el impacto social que se vive en los barrios.
Con ese diagnóstico compartido, la reunión dejó una señal política y territorial: la intención de mantener abiertos canales de diálogo con actores sociales que tienen presencia cotidiana en las comunidades. Más allá del gesto institucional, en la Gobernación saben que el termómetro social también se mide en comedores, templos, merenderos y espacios de asistencia donde las iglesias vienen ganando protagonismo.
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