8 abr 2026
Como si fuese una partida del TEG, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof volvió a mover piezas en silencio, pero esta vez una reunión tuvo demasiado peso político como para pasar inadvertida. El mandatario bonaerense recibió en La Plata a Emilio Monzó y Nicolás Massot, dos dirigentes con terminales propias en el peronismo dialoguista y en sectores alejados del cristinismo comandado por Máximo Kirchner.
Bajo este marco, el encuentro se leyó como una señal concreta de ampliación en medio de la discusión sobre cómo reordenar al peronismo de cara al nuevo ciclo electoral en 2027. Cerca del mandatario provincial admiten desde hace meses que la idea es ensanchar la base política y explorar acuerdos por fuera del esquema clásico del Partido Justicialista (PJ).
No fue una reunión aislada ni improvisada. Monzó ya venía acumulando conversaciones con dirigentes cercanos al universo de Kicillof, mientras que Nicolás Massot aparece dentro de ese mismo mapa de dirigentes que buscan construir una alternativa amplia frente al gobierno de Javier Milei.
Detrás de la charla asoma una idea que en distintos despachos ya se repite sin demasiado disimulo: armar una propuesta competitiva de centro con anclaje peronista, pero abierta a otros sectores. En ese esquema también aparece Miguel Ángel Pichetto, que desde hace semanas viene tejiendo contactos con distintos actores del tablero opositor.
La movida encaja además con el momento que atraviesa Kicillof dentro del peronismo. El gobernador no sólo intenta consolidar su volumen político en la provincia, sino también proyectarse como una figura nacional capaz de ordenar una oferta opositora más amplia, con la mirada puesta en 2027.
En paralelo, el mandatario viene empujando a nivel nacional el armado del Movimiento Derecho al Futuro, su sello político propio, desde donde busca acumular músculo territorial y sumar volumen fuera de la provincia de Buenos Aires. En ese diseño, la construcción no se agota en el cristinismo ni en el PJ tradicional, sino que intenta abrir nuevas ventanillas.
Por eso la reunión con Monzó y Massot no fue leída sólo como un gesto de cortesía o una charla de coyuntura. En la política bonaerense cayó como una señal de que el gobernador está dispuesto a explorar puentes con sectores que hasta hace no mucho aparecían en veredas muy distintas.
El movimiento también se da en un contexto donde el peronismo sigue buscando una síntesis entre sus distintas tribus, con tensiones internas que todavía no terminan de cerrarse. En ese marco, cualquier foto, reunión o guiño que salga de La Plata empieza a ser leído en clave de posicionamiento y futura ingeniería electoral. Según lo que pudo conocer CRONOS, de momento, no existe un candidato de consenso dentro del peronismo, incluso se habló de una revancha de Sergio Massa para enfrentar a Javier Milei en 2027, tal como sucedió en 2023.
Como si eso fuera poco, el riojano Ricardo Quintela sumó otra cuota de ruido político al no descartar públicamente una eventual fórmula encabezada por Kicillof junto a Myriam Bregman conformando el llamado "frente anti-Milei". Aunque hoy parezca una hipótesis lejana, la sola mención expuso hasta dónde llegan las especulaciones alrededor del gobernador.
Por ahora no hay candidaturas, sellos cerrados ni foto de lanzamiento. Pero en la política real, muchas veces las construcciones grandes arrancan así: con reuniones discretas, señales cruzadas y nombres que hace un tiempo parecían imposibles de sentar en una misma mesa. Y Kicillof, por lo visto, ya empezó a jugar ese partido.
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