23 ene 2026
La relación política entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof, históricamente aliados dentro del peronismo, atraviesa uno de sus momentos más tensos, marcado por distancias públicas y críticas internas que ahora encuentran un nuevo punto de inflexión con la reaparición de la exmandataria en la escena política.
Según dirigentes cercanos a Cristina, existe un malestar creciente con el gobernador bonaerense por su decisión de tomar distancia de la figura de la expresidenta, algo que el entorno cristinista no oculta mientras se prepara para relanzar la campaña “Cristina Libre” en febrero.
La tensión interna entre ambos dirigentes no es nueva. Tras las elecciones legislativas de 2025, Cristina criticó duramente la estrategia de Kicillof de desdoblar los comicios provinciales, calificándola como “un error político”, un señalamiento que tensó aún más el vínculo.
Esa distancia se profundizó en el armado de listas y negociaciones internas dentro del Partido Justicialista bonaerense, donde sectores afines a Cristina reivindicaron que la conducción política principal sigue siendo de la ex presidenta, pese a la victoria electoral del gobernador. Además, se suma ahora la tensión por la conducción del partido, que se dirimirá el 15 de marzo.
El distanciamiento también se reflejó en señales más simbólicas: fuentes políticas señalaron que Cristina no llamó a Kicillof para felicitarlo luego de su triunfo en Provincia de Buenos Aires, algo que fue interpretado como un gesto político con doble lectura.
En paralelo, Kicillof ha venido levantando su perfil político con iniciativas como el lanzamiento de su movimiento Movimiento Derecho al Futuro (MDF), con la intención de posicionarse como referente de cara a 2027, lo que algunos cercanos a Cristina interpretan como una escisión dentro de la misma fuerza política.
A pesar de estas diferencias, el gobernador bonaerense en varias ocasiones buscó suavizar la percepción del conflicto, afirmando que las tensiones internas del peronismo eran parte de “resetear” discusiones y que los puntos de divergencia eran menores que los que ambos comparten frente a fuerzas como la de Javier Milei.
Históricamente, Cristina y Kicillof supieron tener encuentros con gestos que sugerían unidad, como cuando acordaron dialogar para fortalecer la coalición peronista, aunque esos acercamientos fueron espaciados y poco profundos, reflejo de un vínculo complejo.
A nivel interno del peronismo bonaerense, esas tensiones también derivaron en disputas entre espacios como La Cámpora y el kicillofismo representado en el MDF, incluso con acusaciones cruzadas sobre acuerdos políticos para desgastar a intendentes, lo que demuestra el alcance de la disputa más allá de los dos protagonistas.
Mientras Cristina prepara su relanzamiento político para confrontar su condena y reafirma sus ejes contra la política económica del gobierno nacional y la supuesta proscripción, la relación con Kicillof sigue sin una definición clara: ni ruptura total ni recomposición sólida, pero sí una tensión que condiciona la estrategia del peronismo hacia el presente año y un futuro 2027 que empieza a acercarse.
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