La carrera hacia las elecciones de 2027 comenzó a tomar temperatura en San Isidro, donde el actual intendente Ramón Lanús ya trabaja en su proyecto reeleccionista, mientras el exjefe comunal Gustavo Posse vuelve a mover piezas para intentar recuperar el municipio que gobernó durante casi un cuarto de siglo. El escenario se completa con un peronismo dividido que todavía no logra definir liderazgo ni estrategia para competir en uno de los distritos más difíciles del Conurbano bonaerense.
A mitad de mandato, Lanús busca consolidar el poder que obtuvo en 2023 cuando puso fin a cuatro décadas de hegemonía possista. El dirigente del PRO, hoy alineado políticamente con el espacio que integran Patricia Bullrich y La Libertad Avanza, logró construir una mayoría legislativa que le permitió avanzar con proyectos clave de gestión y ordenar el tablero político local.
Sin embargo, la principal preocupación de los vecinos continúa siendo la inseguridad, un tema que domina la agenda pública del distrito pese a las inversiones anunciadas por el municipio. Durante los últimos meses, Lanús presentó un ambicioso plan para reforzar la prevención del delito, ampliar el sistema de videovigilancia y avanzar en la creación de una Policía Local propia, una iniciativa que requiere cambios normativos a nivel provincial.

El intendente sostiene que la seguridad es la prioridad número uno de su gestión. Entre las medidas anunciadas figuran la incorporación de nuevas patrullas, más agentes municipales, cámaras inteligentes y la modernización del Centro de Operaciones Municipal. No obstante, desde distintos sectores de la oposición aseguran que la percepción de inseguridad sigue siendo uno de los puntos más sensibles para la administración local.
En paralelo, Gustavo Posse reapareció con mayor intensidad en la vida política sanisidrense. Aunque actualmente no ocupa cargos públicos, mantiene activa la estructura territorial de Acción Vecinal y conserva representación en el Concejo Deliberante. En su entorno consideran que el resultado obtenido en las últimas elecciones le permitió conservar una base electoral suficiente para proyectar una nueva candidatura.
El exintendente ya comenzó a instalar nuevamente un discurso crítico hacia la actual gestión. Sus dirigentes cuestionan el aumento de tasas municipales, plantean que el distrito perdió dinamismo y sostienen que existen problemas en áreas históricamente sensibles como seguridad, salud y mantenimiento urbano. Bajo la consigna de "recuperar el municipio", el possismo intenta reconstruir volumen político de cara a la próxima contienda.

La relación entre Lanús y Posse atraviesa además una disputa de larga data. Desde el inicio de la actual administración, el oficialismo denunció presuntas irregularidades heredadas de la gestión anterior y cuestionó el estado financiero y operativo del municipio. Del otro lado, el possismo rechaza esas acusaciones y sostiene que dejó una comuna ordenada y con capacidad de respuesta.

Mientras tanto, el peronismo observa la pelea desde una posición incómoda. Las diferencias internas entre sectores alineados con el massismo y espacios vinculados al gobernador Axel Kicillof dificultan la construcción de una alternativa unificada. Aunque conserva representación legislativa, todavía no aparece una figura con capacidad de disputar seriamente el liderazgo político del distrito.
Con más de un año por delante antes del cierre definitivo de candidaturas, la disputa por San Isidro empieza a perfilarse como una de las más atractivas de la Primera Sección Electoral. Lanús intentará sostener su alianza con los libertarios y exhibir gestión; Posse buscará capitalizar el desgaste natural del oficialismo y regresar al poder; mientras el peronismo enfrenta el desafío de ordenar su interna si pretende convertirse en protagonista de una elección que promete ser de alto voltaje político.