26 mar 2026
La discusión por las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) 2027 volvió a meterse en el centro de la escena y, esta vez, dejó al PRO que lidera Mauricio Macri frente a una definición incómoda. Mientras Javier Milei insiste con avanzar hacia su eliminación, en el macrismo empiezan a asomar diferencias sobre hasta dónde conviene acompañar una reforma que puede ordenar o complicar el mapa electoral.
La tensión no es menor: aunque 2026 no tiene elecciones nacionales, en el Congreso ya se empezó a pensar en las reglas con las que se llegará a 2027. En la Casa Rosada entienden que el sistema de primarias es un costo político y económico, pero también una instancia que muchas veces desordena más de lo que resuelve.
Dentro del PRO, sin embargo, no todos miran el tema igual. Un sector considera que las PASO ya cumplieron un ciclo y que deberían desaparecer, sobre todo para cargos legislativos. Pero otros creen que eliminarlas por completo puede dejar a las coaliciones sin una válvula para resolver liderazgos y candidaturas sin romperse antes de tiempo.
Esa discusión no es abstracta. La experiencia reciente dejó una marca fuerte en el partido amarillo: en varios distritos, la falta de un mecanismo claro para ordenar candidaturas derivó en cierres traumáticos, tensiones entre socios y listas separadas. En la provincia de Buenos Aires, ese escenario sigue siendo una advertencia latente para cualquier intento de alianza con los libertarios.
Asimismo, en el macrismo ya circulan al menos tres caminos posibles. El primero es acompañar a Milei y avanzar hacia la eliminación total del sistema. El segundo apunta a reconvertirlo en un esquema optativo, una especie de PAS sin obligatoriedad. Y el tercero, que gana volumen en algunas terminales partidarias, propone sostener las primarias solo para cargos ejecutivos.
Esa última alternativa tiene lógica política: mientras una lista legislativa puede cerrarse con negociaciones y reparto interno, una candidatura ejecutiva suele concentrar mucho más poder y disputa. Sin PASO, esa puja podría resolverse a puro dedo, o peor todavía, con fracturas abiertas que terminen regalando votos en elecciones clave. Cabe recordar que el macrismo vivió un proceso de rearmado tras las alianzas efectuadas con libertarios en el que varios cuadros perteneceN al Ejecutivo nacional comandado por Milei como los casos de Diego Santilli, Federico Sturzenegger y en el ámbito legislativo nacional, Patricia Bullrich como senadora y Cristian Ritondo como diputado.
El antecedente más cercano todavía pesa. En 2025, el Congreso avanzó con la suspensión de las PASO para las legislativas y el proyecto consiguió respaldo amplio, incluso con acompañamiento del PRO y sectores opositores. Esa votación dejó en evidencia que el sistema ya no tiene defensores cerrados, pero también que nadie termina de ponerse de acuerdo sobre qué reemplazo debería ocupar su lugar.
Ante este panorama, el PRO no solo discute una herramienta electoral: también está midiendo cuánto margen le conviene cederle al oficialismo. Apoyar la eliminación total podría ser leído como otro gesto de alineamiento con Milei; resistirla, en cambio, podría abrir una nueva fisura dentro de un espacio que todavía no termina de definir cómo jugar frente al poder libertario.
Mientras tanto, el partido amarillo evita cerrar una postura definitiva y espera el texto concreto que impulse el Gobierno de Milei. Pero debajo de la discusión técnica por las PASO late otra pelea más de fondo: quién ordena las candidaturas, cómo se administran las internas y qué reglas van a regir una oposición que todavía no sabe si va a competir unida o partida.
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