28 ene 2026
El peronismo bonaerense atraviesa horas decisivas en la recta final hacia la renovación de autoridades del Partido Justicialista (PJ) provincial, en un escenario atravesado por negociaciones intensas, vetos cruzados y la necesidad compartida de evitar una interna que pueda profundizar las fracturas existentes.
Con el cierre de listas previsto para el 8 de febrero, los distintos sectores aceleraron conversaciones para alcanzar una lista de unidad que permita llegar ordenados al recambio partidario del 15 de marzo, una fecha clave para el futuro del PJ en la provincia más grande del país.
En ese marco, dos nombres concentran la mayor atención. Por un lado, Verónica Magario, vicegobernadora y actual vicepresidenta del PJ, es la principal apuesta del espacio que responde a Axel Kicillof y al Movimiento Derecho al Futuro (MDF), que busca consolidar su peso político dentro de la estructura partidaria.
Sin embargo, la figura de Magario genera resistencias en el cristinismo, que cuestiona la acumulación de cargos y poder territorial, especialmente en La Matanza, además de las tensiones recientes en el Senado bonaerense, donde aún no se resolvió la designación de autoridades.
Del otro lado aparece Federico Otermín, intendente de Lomas de Zamora, promovido como persona que encabece la unidad, especialmente en sectores alineados con Máximo Kirchner. Su perfil dialoguista y su rol como intermediario entre el gobernador y la expresidenta lo posicionan como una alternativa viable, aunque en el kicillofismo lo observan con recelo por su pertenencia política.
La disputa, sin embargo, excede los nombres propios. En el entorno del gobernador insisten en que el próximo presidente del PJ debe dejar de ser opositor al gobierno provincial y alinearse claramente con la gestión de Kicillof, con la mirada puesta en la construcción política hacia 2027.
Desde el cristinismo asociado a La Cámpora, en cambio, remarcan que el partido debe sostener una identidad propia, comprometida con la defensa de Cristina Kirchner y con consignas como la campaña “Cristina Libre”, lo que agrega una capa ideológica a la negociación.
Este cruce de condiciones y vetos abrió la puerta a una tercera vía: la posibilidad de un nombre “tapado” que funcione como síntesis y evite una confrontación directa entre los dos polos principales. En ese lote aparecen intendentes y dirigentes con perfil bajo pero capacidad de diálogo.
Entre las figuras que circulan se mencionan a la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, así como a otros jefes comunales y dirigentes con peso territorial, que podrían emerger sobre el cierre como una solución de consenso aceptable para ambas partes.
Mientras tanto, el MDF profundiza su despliegue territorial con reuniones seccionales y gestos políticos que buscan reforzar el liderazgo de Kicillof dentro del PJ, al tiempo que el cristinismo mueve sus fichas para no perder control en un partido que sigue siendo clave para la arquitectura del poder bonaerense.
Con el reloj en cuenta regresiva, la interna del peronismo se encamina a definirse entre la unidad forzada y un acuerdo de último momento, en un clima donde todos coinciden en el diagnóstico: una pelea abierta podría dejar al PJ debilitado frente a un escenario nacional adverso y a un oficialismo libertario que busca capitalizar cualquier fractura en su busqueda de poder en la Provincia de Buenos Aires.
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