viernes 14 de diciembre de 2018 - Edición Nº806
Cronos Noticias » En Foco » 1 oct 2018

Bitácoras bonaerenses

Macri, su reelección y las secuelas sobre el andar de Vidal

La confirmación de Macri sobre la búsqueda de un segundo mandato abrió la caja de temores que tienen adentro de Cambiemos. El salvavidas de plomo de Vidal. ¿Qué pasó con el abanico de planes que tenían en el oficialismo para el 2019?


Por Juan Alfaro | @alfajuan

La “tormenta” de la crisis sigue sacudiendo el bolsillo de los argentinos. La inflación no para, los aumentos en gas, peajes y otros consumos ya parecen ser moneda corriente. Pese a eso, o precisamente por eso, en su reciente gira por Nueva York Mauricio Macri confirmó en inglés que buscará la reelección el 2019. “Estoy listo para competir”, dijo sonriente a Bloomberg TV. Muchos pensarán que el jefe de Estado no midió bien el impacto de su confirmación, más allá de haberlo hecho en un medio estadounidense. Más de uno pensó: “Mientras el país está sumergido en la crisis, y con la recesión a la vuelta de la esquina, Macri piensa en su segundo mandato”. Pero el trasfondo de esa afirmación, de ese desafío, de esa arenga propia, no es la confusión del tiempo político. Todo lo contrario, es parte de una clara intención de desviar el eje de la discusión (la crisis, el FMI y la confección del Presupuesto 2019) a una actitud del mandatario que puede sonar molesta, socarrona y hasta soberbia. En plena crisis, cuando los distintos números de las encuestas, mes a mes, muestran que la imagen de Macri cae, tanto en la aprobación a su gestión, como a una hipotética candidatura, la mejor forma que encontraron en Cambiemos de tomar un poco de aire es instalar la reelección. La estrategia no es nueva, en marzo de este año, ante el comienzo severo de la caída de la imagen de Macri, fue el jefe de Gabinete de la Nación, el entonces poderoso Marcos Peña, quien puso por primera vez sobre el tablero la idea de la reelección de Macri, como así también de María Eugenia Vidal en Provincia y de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad. Por esas horas, la crisis aún no había estallado, pero la imagen del mandatario ya estaba golpeada por el efecto de los tarifazos y la inflación. Con el mismo objetivo, de desviar la atención y de paso calmar las feroces internas del PRO, es que desde la Casa Rosada desplegaron el operativo, que para muchos analistas fue “muy precipitado”. Sea en marzo o en septiembre, el motivo es similar. La repetición.

Desde principios de 2018, la extrema confianza que la plana mayor de La Rosada mostró de forma soberbia sobre propios y extraños, ahora se convirtió en un laberinto de una sola salida. Hasta hace pocos meses, en los principales despachos de Cambiemos se trazaban posibilidades sobre el devenir electoral del oficialismo para las presidenciales del año entrante. No era para menos, el 2017, con Esteban Bullrich y Gladys González de candidatos, y Vidal como jefa de campaña y una virtual postulante, le ganaron la elección legislativa a Cristina Fernández de Kirchner. Con ese ímpetu enumeraron la cantidad de planes que tenían en mente: Plan A, Macri candidato a presidente; Plan B, Vidal candidata a presidenta; Plan C, Macri presidente, Vidal vicepresidenta; y hasta los más propensos a darle la impronta política al espacio pusieron sobre la mesa el Plan D, la fórmula Vidal-Larreta, anticipado por ANDigital en la columna del 12 de agosto pasado. Pero todos esos trazados, todas esas opciones, todas esas cartas para jugar y especular, y hasta cotizarse para adentro y afuera de Cambiemos, parecen haber sido devorados por la crisis. Por estas horas, en esos mismos despachos arrogantes de La Rosada confiesan con resignación: “Ya no hay ni Plan B, ni C. Se nos agotó el abecedario”. Es que la suerte de Macri, Vidal, Larreta, Cambiemos y de los argentinos, está atada a la suerte de una sola persona: de Macri. Claro que los componentes son varios, la suerte del Presidente está ligada estrechamente a la del dólar, como termómetro del éxito o fracaso de la reacción que intenta tener ante la crisis. También está la mano de la cortejada titular del FMI, Christine Lagarde, y los salvatajes que autorice para el país. La asimilación de la merma de Planes para el escenario 2019 fue anticipada por la Gobernación bonaerense hace varias semanas. En la columna del 3 de septiembre, ANDigital mostró la confesión de Vidal a un intendente de la Cuarta Sección: “Si a Mauricio le va mal, a todos nosotros le va a ir mal”. A esa premisa la vienen repitiendo en Gobernación desde la explosión de la crisis cuando el dólar llegó a los 30 pesos. Vidal, al igual que sus antecesores en los últimos 30 años, tiene su suerte atada a los designios del Gobierno nacional. El agravante de la mandataria, en esta coyuntura, es que ni siquiera tiene el salvataje de ser un gobernador enfrentado a La Rosada, por más que sea del mismo espacio. Es más, Vidal misma se encargó de generar una distinción al mostrarse hiperalineada a Macri, más allá de muchas diferencias de criterio y se su feroz interna subterránea con “Marquitos” Peña. Ese alineamiento hizo que mucho antes de estas reflexiones la suerte de Vidal quedara estrechamente ligada a la de Macri. Las primeras bajas de la Gobernadora en las encuestas fueron a causa de las políticas nacionales, a las que después se fueron sumando temas domésticos, como el conflicto docente o los aportes truchos. Macri, el salvavidas de plomo de Vidal.

La confirmación de Macri de la búsqueda de su reelección, además, encasilla a Vidal en el sendero bonaerense durante eventuales cuatro años más. Si bien, y por lo bajo, desde Calle 6 aseguran que la Gobernadora baraja, entre muchas, la opción de “irse a su casa” y alejarse de la carrera política, lo cierto es que también le preocupa “el legado que pueda dejar en la Provincia”. La crisis, las políticas económicas de Nación, la mano del FMI, no auguran un buen escenario para el distrito más populoso del país, que pasó de ser la “mimada” de Macri por la restitución del Fondo del Conurbano, a una de las más castigadas a la hora de pagar el costo del ajuste. Con esa realidad trasladada a los números, será muy difícil dejar una provincia ordenada en diciembre de 2019. Por otro lado, quedarse cuatro años más significa entrar en el karma de los gobernadores que, de contar con una buena imagen ante el electorado, terminaron desgastados en su segundo mandato, ante las dificultades estructurales que representa gobernar la Provincia más grande, poblada y deficitaria del país. La sombra de Macri sobre Calle 6.

El décimo mes del año comenzó su carrera, el final del 2018 se acerca. La crisis está calando hondo en las clases populares y en la clase media. El descontento social crece, los desencantados aumentan su número al ritmo de la suba del dólar. Los ojos están puestos en la confección del Presupuesto Nacional 2019, tablero que la oposición en general, esta vez, no está dispuesta a aprobar casi a libro cerrado. El escurridizo Sergio Massa –confluido ahora en la gestación del peronismo no K, junto a Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti y Miguel Ángel Pichetto– lo anticipó: “El presupuesto 2019 es espantoso, horrible, invotable”. El peronismo/kirchnerismo está más al extremo en sus posiciones. La clave electoral también hace su juego. Todos condimentos que generan un combo explosivo con distintas derivaciones. Mientras tanto, el andar de Vidal, hablando en los medios o no, está atada a la suerte de Macri.
 

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