El cierre definitivo del Aquarium de Mar del Plata dejó a 59 pingüinos bajo cuidado judicial y, en medio de la quiebra de la empresa administradora, la sindicatura tasó en US$40.000 a cuatro ejemplares para una eventual venta al exterior. La medida busca generar recursos para afrontar las deudas y el costoso mantenimiento del predio.
Los cuatro animales valuados pertenecen a la especie pingüino saltarín o saltarrocas (Eudyptes chrysocome) y son los únicos ejemplares del exacuario que recibieron una cotización económica formal. Según el expediente, la cifra alcanza los $56,8 millones al tipo de cambio utilizado en la tasación.
Sin embargo, por ahora no existe un comprador confirmado. La operación requeriría concretar una transferencia internacional con algún acuario o establecimiento especializado del exterior, y el propio proceso de liquidación establece que el valor asignado solamente podrá hacerse efectivo si finalmente aparece una oferta.


El resto de los pingüinos que todavía permanecen en el predio no fueron incorporados con un valor económico. Se trata de 53 pingüinos magallánicos y dos pingüinos rey, que continúan bajo la órbita de la Justicia mientras se busca avanzar con alternativas para su traslado y garantizar las condiciones necesarias para su cuidado.
El Aquarium había cerrado definitivamente el 31 de marzo de 2025, luego de más de tres décadas de funcionamiento. La decisión estuvo vinculada a la falta de acuerdo para renovar el alquiler del terreno ubicado junto al Faro de Punta Mogotes, donde el complejo funcionaba desde 1993.

La situación se complicó posteriormente con la quiebra de la empresa que administraba el parque. Sin los ingresos de las entradas y con importantes gastos para sostener a los animales y al personal, la continuidad del predio quedó en manos del proceso judicial. En ese contexto, la venta de diez delfines nariz de botella a un establecimiento de Egipto por US$800.000 permitió afrontar parte de los costos acumulados.
El futuro de los animales también generó preocupación durante el último año. Autoridades y organizaciones plantearon la necesidad de garantizar su bienestar y definir destinos adecuados, mientras que especialistas señalaron que varios de los ejemplares no pueden ser liberados en el mar porque nacieron en cautiverio o fueron rescatados cuando eran demasiado pequeños para desarrollar habilidades de supervivencia.
