En el municipio bonaerense de Pinamar la inseguridad colmó la paciencia de vecinos y dirigentes, quienes decidieron poner el grito en el cielo y dejar de manifiesto la delicada situación que atraviesa el municipio liderado por el intendente Juan Ibarguren.
La falta de respuestas institucionales concretas por parte del Ejecutivo local provocó la parálisis de los canales de diálogo habituales y empujó a los bloques opositores a impulsar un pedido urgente de informes en el Concejo Deliberante para auditar los recursos destinados a la Secretaría de Seguridad local.


El descontento en la sociedad de Pinamar detonó tras conocerse los últimos reportes policiales que dan cuenta de robos bajo la modalidad de "escruche" (ingreso a viviendas en ausencia de sus moradores) y asaltos violentos perpetrados en viviendas de residentes permanentes tanto en el centro de la ciudad como en las localidades vecinas de Cariló y Valeria del Mar.
Los delincuentes, en muchos casos armados, aprovechan la drástica reducción de los patrullajes preventivos que habitualmente se registra una vez finalizado el Operativo De Sol a Sol.
La polémica se encendió debido a que los foros de seguridad vecinales venían advirtiendo sobre zonas liberadas y fallas estructurales en el sistema de cámaras del Centro de Monitoreo Urbano.

Las críticas comunitarias arrecian sobre el intendente Ibarguren, a quien se le reprocha una postura pasiva y una preocupante falta de comunicación oficializada ante hechos delictivos que rompen con la fisonomía de tranquilidad histórica que caracteriza al distrito fuera de la temporada alta.

El frente de conflicto se encuentra claramente delimitado. Por un lado, se ubican los damnificados directos, comerciantes locales nucleados en la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica y vecinos de a pie, quienes comenzaron a coordinar reuniones vecinales nocturnas para demandar medidas urgentes.

Por el otro sector, la administración del intendente Ibarguren intenta relativizar los índices delictivos argumentando que se trata de hechos aislados amplificados por las redes sociales, respaldándose en el accionar coordinado con las fuerzas policiales de la provincia de Buenos Aires.
En el plano legislativo, los concejales de los bloques opositores ya unificaron un documento para exigir la presencia del secretario de Seguridad del municipio en el recinto.
La intención es que el funcionario rinda cuentas detalladas sobre el destino y la ejecución de la tasa de seguridad que los contribuyentes de Pinamar abonan mensualmente con sus tasas municipales, la cual -según denuncian- no se ve reflejada en mayor cantidad de móviles ni en tecnología de prevención.

Este escenario de conflictividad comunitaria golpea el núcleo político de la gestión de Ibarguren, quien asumió la intendencia con la promesa de profundizar el modelo de control territorial y modernización tecnológica implementado por su antecesor, Martín Yeza.

La imposibilidad de contener las bandas que operan en la región erosiona rápidamente el capital político del oficialismo local frente a su propio electorado tradicional, compuesto en gran medida por sectores que priorizan el orden y la seguridad pública.
Asimismo, la crisis amenaza con trasladarse de forma directa al plano económico regional.
Las cámaras turísticas pinamarenses manifestaron que, de mantenerse esta tendencia delictiva en los meses de invierno y primavera, la marca Pinamar sufrirá un deterioro considerable, ahuyentando las inversiones inmobiliarias de fin de semana y los flujos turísticos de cercanía que sostienen el empleo local fuera de la temporada estival.
Las fallas en la arquitectura de seguridad del partido de Pinamar reconocen antecedentes directos en las recurrentes disputas presupuestarias entre el municipio y el Ministerio de Seguridad bonaerense.

Históricamente, el Ejecutivo municipal ha reclamado por el desvío de efectivos policiales y patrulleros hacia el Gran Buenos Aires al concluir el verano, dejando al distrito costero con una dotación de personal marcadamente insuficiente para cubrir las cuadrículas de los nuevos barrios residenciales que crecieron demográficamente tras la pandemia.

No obstante, los foros vecinales argumentan que este año la situación alcanzó un límite inédito debido al apagón de luminarias públicas por razones de ajuste fiscal y a la falta de mantenimiento de la flota de camionetas de la Guardia Urbana Municipal.
Esta combinación de menor presencia policial provincial y desinversión logística municipal configuró el escenario de vulnerabilidad que las bandas delictivas aprovechan actualmente para golpear la periferia del distrito.
Esta escalada delictiva en Pinamar promete marcar un punto de quiebre definitivo en la relación de confianza entre los ciudadanos residentes y la gestión de Ibarguren.
La seguridad no constituye una demanda secundaria en los municipios de la Costa Atlántica, sino un pilar fundamental para su supervivencia económica y cohesión social.

La aparente pasividad de la intendencia ante el reclamo de los foros vecinales y el sector comercial no solo fortalece la posición de una oposición local que olió sangre política en el Concejo Deliberante, sino que además arriesga la gobernabilidad del propio oficialismo de cara al armado electoral del próximo año.
Si el gobierno local continúa eludiendo su responsabilidad primaria en la coordinación preventiva y mantiene el repliegue discursivo, el descontento de las calles forzará una intervención institucional externa o una crisis de representación que Pinamar difícilmente pueda absorber sin pagar un altísimo costo reputacional.
En definitiva, el incremento de los casos de inseguridad complica a la gestión de Ibarguren en Pinamar, mientras diversos sectores agregan presión a un panorama de por sí complejo.