El gobernador Axel Kicillof quedó en el centro de una nueva escalada de tensión dentro del peronismo luego de que dirigentes del cristinismo ligado a La Cámpora admitieran públicamente que buscan “un Cámpora para Cristina”, en referencia a la posibilidad de construir una candidatura presidencial subordinada políticamente a Cristina Kirchner de cara a 2027. La discusión se aceleró durante los últimos días tras declaraciones de la exsenadora bonaerense y actual diputada nacional Teresa García y en medio del creciente operativo político del mandatario bonaerense para consolidar autonomía dentro del PJ.
La frase que detonó el nuevo capítulo de la interna surgió durante una entrevista televisiva en C5N, donde Teresa García reconoció que el kirchnerismo necesita “alguien que entienda la lógica” de un eventual próximo gobierno y que tenga como prioridad política sostener la consigna “Cristina Libre”. La dirigente, una de las voceras más cercanas a la expresidenta, terminó validando la comparación histórica con Héctor Cámpora, el dirigente que asumió la Presidencia en 1973 bajo la conducción política de Juan Domingo Perón.
La referencia encendió alarmas dentro del universo que rodea a Kicillof. En La Plata consideran que la experiencia del Frente de Todos dejó una lección contundente: un esquema de doble comando terminó erosionando el poder político de Alberto Fernández y profundizó la crisis interna del peronismo, situación que finalmente abrió el camino para el triunfo electoral de Javier Milei. Por eso, el gobernador busca construir volumen político propio y evitar quedar condicionado por el Instituto Patria o La Cámpora en un eventual proyecto presidencial.
En paralelo, el mandatario bonaerense avanza con su armado nacional y suma respaldos sindicales y territoriales fuera del kirchnerismo tradicional. Durante una reciente visita a Córdoba, dirigentes gremiales de la CGT impulsaron públicamente la consigna “Kicillof presidente”, en lo que fue leído dentro del PJ como el primer ensayo federal serio de una candidatura presidencial propia. Ese movimiento profundizó todavía más el malestar del cristinismo duro.

La pelea interna también expuso diferencias sobre quién debe conducir al peronismo en la etapa posterior a la condena judicial contra Cristina Kirchner. Mientras el kirchnerismo insiste en preservar la centralidad política de la exmandataria aun sin posibilidad electoral, Kicillof intenta construir una identidad más amplia, con capacidad de diálogo hacia sectores moderados y alejados de La Cámpora. Cerca del gobernador aseguran que no pretende romper con Cristina, pero tampoco aceptar un esquema de subordinación política.
En ese contexto, Sergio Berni sumó presión pública sobre el mandatario bonaerense. El senador provincial sostuvo que Kicillof “tiene condiciones” para ser presidente, aunque condicionó cualquier respaldo a que acepte “la conducción estratégica de Cristina”. La frase dejó al descubierto el núcleo real del conflicto: ya no se discute solamente quién puede ganar una elección, sino quién manejará el poder dentro del peronismo.
La tensión recrudece además en un momento delicado para la provincia de Buenos Aires. La caída de la recaudación, el deterioro social y el ajuste económico impulsado por el gobierno de Javier Milei complican la gestión bonaerense y exponen al gobernador a nuevos focos de desgaste. Dentro del cristinismo sostienen que esas dificultades podrían impactar sobre cualquier proyecto presidencial de Kicillof, mientras que en el entorno del mandatario creen que parte de la presión interna busca debilitar su construcción política antes de tiempo.

Al mismo tiempo, distintos sectores del PJ comenzaron a moverse para evitar una fractura definitiva. Uno de los dirigentes que reapareció en escena fue Miguel Ángel Pichetto, el peronista exCambiemos quien retomó contactos con Cristina Kirchner después de años de distancia política. El exsenador consideró que la expresidenta sigue siendo “un actor fundamental” dentro del peronismo y recomendó públicamente que Kicillof vuelva a dialogar con ella para evitar una ruptura irreversible rumbo a 2027.
Aunque ninguna de las partes habla todavía de quiebre, en el peronismo reconocen que la convivencia entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof atraviesa su peor momento desde que el gobernador llegó al poder bonaerense. El cristinismo endurece la presión para sostener la centralidad de CFK, mientras el mandatario provincial intenta despegarse del fantasma de un nuevo doble comando. En el fondo, la pelea ya no es solamente electoral: es una disputa abierta por el liderazgo del peronismo que viene.