Sebastián Galmarini, diputado nacional de Fuerza Patria y dirigente del Frente Renovador, definió al exministro de Economía, Sergio Massa, como su candidato a presidente, en un hipotético escenario electoral. La frase retumbó en el peronismo dado que Massa mantiene cautela con sus movimientos, pero desde el interior del espacio que lidera dejaron en claro sus preferencias.
Las palabras de Galmarini no llegaron en el vacío. Se dio en medio de críticas al gobierno de Javier Milei por la reforma electoral, a la que calificó como “una cortina de humo” para desviar la atención de la crisis económica.
El movimiento, sin embargo, va más allá de la coyuntura. En paralelo al cuestionamiento al oficialismo, Galmarini dejó una señal directa hacia adentro del peronismo: el massismo vuelve a jugar. En un contexto donde la mayoría evita hablar de candidaturas, la frase funciona como una toma de posición anticipada.
El dirigente del Frente Renovador apuntó contra la eliminación de las PASO y defendió su rol dentro del sistema político. “La democracia tiene un costo”, sostuvo, al tiempo que advirtió que el Gobierno busca “inclinar la cancha”. Pero el dato político no estuvo solo en la crítica, sino en la definición posterior, que ordena y a la vez, incomoda.

El posicionamiento del massismo impacta de lleno en un escenario donde el gobernador Axel Kicillof viene consolidando su propio armado político con proyección nacional. El mandatario bonaerense construye volumen territorial, suma apoyos y se posiciona como una de las principales referencias del peronismo hacia 2027.
En ese tablero, la reaparición de Massa no es neutra. Son dos formas de pararse frente a lo que viene: por un lado, la gestión bonaerense como plataforma de poder; por otro, la experiencia nacional y el intento de volver al centro de la escena. Por ahora, la tensión es soterrada, pero empieza a tomar forma.
Tras la derrota de 2023, Massa eligió correrse del foco, aunque nunca dejó de intervenir en la política. En su entorno hablan de una estrategia de bajo perfil, mientras dejan que dirigentes cercanos —como Galmarini— vuelvan a instalar su nombre en el debate público.

La jugada no es casual. Llega en un momento donde el peronismo evita explicitar candidaturas, pero donde todos empiezan a medir fuerzas. En ese marco, la frase rompe el equilibrio interno y obliga a reposicionar a los distintos sectores.
En definitiva, las distintas tribus del peronismo juegan su propio juego en la interna, mientras aún se enuentran en el horizonte la etapa de definiciones y momentos que interpelarán a los sectores, con riesgo de una reactivación de los resquemores puertas adentro.