martes 31 de enero de 2023 - Edición Nº2315
Cronos Noticias » Sociedad » 2 feb 2022 15:23

Historia

Por qué febrero es el mes que tiene menos días en el año

El hecho de que el segundo mes del año es el más corto ya es conocido por todos. Sin embargo, detrás se esconde la historia de los diferentes calendarios hasta llegar al actual: el gregoriano.


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Que febrero es el mes más corto del año es un hecho ya conocido por todos. A diferencia de los otros 11 que tienen entre 30 y 31 días, el segundo mes sólo tiene 28 y, en años bisiestos, 29. 

La razón de esta diferencia de días estaría relacionada con las múltiples propuestas de calendarios que se adoptaron en el pasado hasta llegar al actual: el gregoriano.

En el siglo VIII a. C, los primeros romanos utilizaban el calendario de Romulus, un sistema de medición que sólo recogía 10 meses, de los cuales cuatro tenían 31 días y que en total sumaban 304. Así, el año empezaba en marzo y acababa en diciembre.

Los días que le faltaban al calendario se correspondían con los meses más arduos del invierno, algo que impedía a los agricultores trabajar y que, por ese motivo, había llevado a este periodo a quedarse fuera del calendario. Para ellos, el almanaque solo servía como guía de trabajo para el campo, por lo que, si no se podía cosechar, era un tiempo que no valía la pena registrar.

Con el tiempo, los romanos fueron teniendo la necesidad de alinear su calendario con las lunas, por lo que establecieron años de 355 días y 12 meses. Fue entonces cuando se añadió al listado enero y febrero. En ese momento, por pura superstición, se dejó a febrero con 28 días para que los días del año fuesen impares.

Además, durante un tiempo los emperadores, conscientes del desajuste que había en su calendario respecto al Sol, llegaron a añadir días a placer haciendo que unos meses tuviesen más días que otros según sus propias necesidades.

Posteriormente, en el año 45 a.C., Julio César le encargó a Sosígenes de Alejandría que elaborara un calendario nuevo con 365 días, la misma cifra que tenían los egipcios y la que mejor se ajustaba al calendario solar.

Los nuevos diez días fueron repartiéndose de forma ordenada a cada uno de los meses del año empezando por el primero, marzo, hasta llegar al penúltimo, enero. Así, todos los meses sumaron un día más y pasaron de tener 29 días a 30 o de 30 a 31. La excepción fue febrero, que, por estar el último en la cola, no se llevó día extra y se ratificó como el mes más corto del calendario. 

Además, se estableció también que, con el objetivo de evitar el desajuste que existía respecto al año solar, cada cuatro años habría un año bisiesto.

Del calendario romano al gregoriano

En 1582, el Papa Gregorio XIII le dio una última vuelta al calendario. Debido a un desfase provocado por un pequeño error de cálculo del equipo de Julio César, con el paso de los siglos el calendario se había ido desligando de las estaciones y hacía que la Semana Santa se acercase demasiado al verano, algo que disgustaba mucho al líder de la Iglesia.

Gregorio XIII quería que el equinoccio de primavera en el hemisferio norte fuera el 21 de marzo en vez del día 11, como había empezado a suceder en el siglo XVI, por lo que decidió crear un nuevo calendario y atajar el problema de raíz: decretó que el día siguiente al 4 de octubre de 1582 sería 15 de octubre.

El Papa eliminó de facto 10 días del año 1582 y compensó el desajuste acumulado. Además, cambió la fecha del inicio del año desde el 24 de marzo al 1 de enero situándola en el momento que en la actualidad sigue usándose como referencia y estipuló, que, para volver a evitar el desfase, los años bisiestos seguirían siendo cada cuatro años a excepción de aquellos que sean divisibles por 100 siempre y cuando no sean también divisibles por 400. Por eso, no serán bisiestos los años 2100, 2200 ni 2300. 

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