sábado 15 de mayo de 2021 - Edición Nº1689
Cronos Noticias » Tendencias » 23 abr 2021 14:54

Fin de semana

Exaltación de la Cruz y Bolívar: dos alternativas para una estadía inolvidable en el campo

Las estancias Don Silvano y Santa Catalina ofrecen propuestas que destacan por la conexión con la naturaleza, la experiencia gastronómica local y la amabilidad de su gente.


  • Exaltación de la Cruz y Bolívar: dos alternativas para una estadía inolvidable en el campo

Las estancias Santa Catalina, en Bolívar, y Don Silvano, en Exaltación de la Cruz, ofrecen una estadía diferente e inolvidable. Lejos de la ciudad, en el campo bonaerense, se respira tranquilidad, se saborean platos criollos y se escuchan historias de inmigrantes que llegaron a estas tierras y se enamoraron de la vida rural. Por estas razones, muchos visitantes las eligen para celebrar momentos importantes.

Gastronomía y naturaleza en Exaltación de la Cruz

Rodrigo Lisiardi, cuarta generación al frente de “Don Silvano”, contó: “Hay una pareja que se casó aquí y la fiesta la organizó mi abuelo. Luego festejaron sus bodas de oro y le tocó a mi papá preparar la celebración; y después, en el casamiento de uno de sus nietos, me encargué de la renovación de sus votos. Crecer con nuestros visitantes es lo mejor que nos ha pasado siempre”. 

Las horas del día no alcanzan para hacer todas las actividades que propone el lugar: paseos a caballo y en carruajes, juegos de campo, actividades en piletas y recorridos por el nuevo parque del gaucho con exposiciones donde se pueden conocer maquinarias agrícolas, el corral de palo a pique y el rancho de adobe. También hay mesa de pool, metegol, ping pong, sapo y juegos de mesa.

Quienes la visitan se sorprenden con los animales que dan vueltas por el predio, desde los típicos de granja hasta búfalos, flamencos, pavos reales y cisnes.

Uno de los principales atractivos es la experiencia gastronómica, que recrea costumbres rurales. Tanto en el desayuno como en la merienda se pueden degustar pastelitos, tortas fritas y otras delicias de la repostería vernácula. A media mañana, es la hora de las empanadas con vino; en el almuerzo, del abundante asado criollo y en la cena, de la cocina artesanal a la carta.

Estancia en Bolívar

La historia comenzó a principios del siglo XX con la llegada de un pequeño inmigrante italiano, Silvano, que durante su adultez empezó a trabajar en un almacén de ramos generales hasta que logró tener su propio negocio y en 1940 compró la finca a la familia Lennon.

El casco de estilo victoriano, que aún se conserva, sumado a la belleza del paisaje y el espíritu sociable de Silvano fueron la semilla que originó el proyecto. Dicen que sentía un inmenso placer al recibir a sus amigos quienes le solicitaron un lugar para hospedarse y quedarse unos días más en el campo.

Cada generación dejó su sello durante los ochenta años de historia del establecimiento, que dispone de veinticinco habitaciones con capacidad para setenta personas, y dos salones de importantes dimensiones.

En Bolívar, no hay lugar para el aburrimiento

En tanto, Dolores Posadas, dueña de la estancia Santa Catalina en Bolívar, expresó: “Una de las anécdotas que apreciamos fue la visita sorpresiva de Stefano e Isidora, huéspedes italianos. Reservaron con la idea de pasar un día de campo y ante nuestra sorpresa, decidieron quedarse una semana completa con nosotros antes de regresar a su país de origen, porque dijeron que había sido uno de los lugares más interesantes y tranquilos que habían conocido en Argentina. Durante cinco años eligieron este lugar para pasar sus vacaciones y cosechamos una gran amistad que perdura hasta el día de hoy”.

El lugar conjuga la inmensidad pampeana, la tranquilidad y la calidez de sus anfitriones. Allí las siestas son religiosas y funcionan como antesala de “la hora del mate”, que se ceba acompañado por las infaltables tortas fritas caseras.

Además, ofrece platos típicos camperos como asado, empanadas y locros, entre otras exquisiteces, y en las noches de fogón los cuentos rurales se alimentan del fuego, los mitos y la imaginación.

En Santa Catalina no hay lugar para el aburrimiento. Se pueden realizar cabalgatas, avistaje de fauna y flora, demostraciones de actividades criollas y visitas a sitios para pescar.

La finca debe su nombre a Catalina Berreterreix, quien llegó desde España a finales del siglo XIX y en 1889 construyó la casona familiar para abocarse a la producción ovina. Desde hace dos décadas, Emilio Posadas adquirió el establecimiento que está atravesado por los relatos de turistas que hablan de su afecto especial por este lugar.

Las estancias Don Silvano, en Exaltación de la Cruz, y Santa Catalina, en Bolívar, son dos opciones que cautivan con los atractivos naturales del paisaje, el sosiego y la gastronomía rural. Sin embargo, su encanto reside en la amabilidad de su gente.
 

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