miércoles 12 de agosto de 2020 - Edición Nº1413
Cronos Noticias » En Foco » 29 jul 2020 09:22

El escenario bonaerense

El efecto Berni, la seguridad y la dicotomía interna en el Frente de Todos

La trama es innegable y los hechos transcurridos en las últimas semanas hablan por sí solos: el oficialismo encuentra dentro de su estructura tramas que no concuerdan, que a simple vista parecen contradecirse y da a entender que funcionarios que conviven en un mismo momento histórico y coyuntural de suma complejidad no encuentran la simbiosis.


Por: Vera Casanovas

La tarea en materia de seguridad fue, es y será por demás compleja y atiende a esquemas de poder instaurados, históricos que, con una fuerte impronta en la gestión de Cambiemos, se basan en la “mano dura”, una suerte de ajusticiamiento y no de justicia, por la que los valores individuales terminan por ponerse en un centro vetusto, que ya no encuentra correlato con lo que las nuevas generaciones –y los discursos de una parte del Frente de Todos- vinieron a proponer: la inseguridad es un problema estructural que no se resuelve de la noche a la mañana y que es necesaria de comprender atendiendo a la desigualdad de oportunidades y condicionantes.

El accionar del jubilado en Quilmes luego del ataque de delincuentes en su hogar y la desaparición de Facundo Astudillo Castro están en el ojo de la tormenta, y desde el Frente de Todos aparecen hilachas, posturas encontradas y hasta encontronazos en relación a cómo deben accionar las fuerzas policiales, hasta donde es preciso accionar en legítima defensa y qué características más o menos cercanas a los procesos dictatoriales vuelven a aparecer al calor de una época de resignificación y alza de los derechos humanos como principio fundamental.

Todo parece ser un nudo, pero aunque la trama parece ser compleja, en verdad responde a cambios y persistencias de modelos que deberían proscribir. Vamos por partes.

El reconocido video del jubilado en Quilmes que fue atacado por cuatro delincuentes que quisieron robarle en su casa generó un revuelo tal que la pregunta por la legítima defensa o el exceso de ésta se convirtió en un tópico difícil de ignorar desde el interior del Frente de Todos.

La postura de Berni desde un comienzo pareció ser clara: el jubilado actuó en legítima defensa. Sin embargo, desde los sectores más progresistas del kirchnerismo la opinión fue diferente, y eso pareció funcionar como alimento para suponer que, una vez más, Berni estaba tomando una postura un tanto anticuada y que, para muchos, hasta avaló la “justicia por mano propia”.

Berni es uno de los personajes de la política bonaerense que más está en boca de todos: por sus dichos, sus posturas, su accionar “a lo Rambo” en cada operativo y esa personalidad que va al choque y se exhibe sin pelos en la lengua. Y además, porque a veces parece conjugar tanto la mirada más conservadora del peronismo como aquella que pretende adaptarse a los cambios estructurales de la época, y el progresismo que algunos de los referentes del kirchnerismo mejor saben encausar.

En diálogo con Juan Amorín en C5N en la noche del lunes, Berni se mostró sorpresivamente cauteloso al referirse una vez más al caso del jubilado que termina matando a uno de los ladrones, que en primer lugar lo ataca. Sin querer sacar conclusiones de prepo, el ministro de Seguridad dijo que en ningún momento, durante todas sus exclamaciones sobre el caso del jubilado, había declarado la culpabilidad o inocencia de Jorge Adolfo Ríos, y que dejaba en manos de la justicia la resolución del caso.

Aún así, sostuvo que estaba seguro de que Ríos no se había ido a dormir tranquilo esa noche que mató al ladrón, y que era “doblemente víctima”: “Fue víctima cuando lo asaltaron y fue víctima cuando llevó adelante esa acción (en referencia a los disparos que terminaron matando al delincuente), porque estoy totalmente convencido de que esa noche no se acostó con ánimos de matar a nadie”.

Ese es el punto de inflexión entre un sector más conservador y otro más progresista del oficialismo: mientras que el primero acuerda con la opinión de Berni sobre la “legítima defensa” del jubilado, el segundo (lejos de sostener una apología al delito), se pregunta sobre el “exceso” en esa “legítima defensa”, se cuestiona por qué Ríos tenía un arma, por qué no llamó a la policía cuando el ladrón ya no podía moverse y se acercó, lento y decidido a él, una vez que ya estaba malherido.

Nadie duda del dolor del jubilado ni defiende a los ladrones, lo que se cuestiona son los modos de defenderse, pero se vuelve difícil no pensar en la determinación de Ríos hasta llegar a un delincuente que ya no tenía modo de defenderse, fuera de su casa, en donde fue el ataque. He ahí el punto que parece resquebrajar hacia el interior del oficialismo.

Pero paradójicamente, o así resulta para una lectura política en la que hay matices, Berni está en contra de la portación de armas, cree que la Policía bonaerense necesita refundarse y cambiar su mirada sobre la seguridad, y dato no menor, comparte el espacio político con Axel Kicillof y un Gabinete en su mayoría joven, cuya formación política se inscribe en las nuevas lógicas más “progres” de un peronismo que, para muchos, caducó dándole paso a lo que ahora se llama kirchnerismo.

Pero eso no es todo, porque también  están las internas entre Provincia y Nación, y las jugosas discusiones que el oficialismo ya no esconde entre Berni y su par en Nación, Sabina Frederic. La disputa más reciente entre estos dos fue la disposición de las fuerzas federales  en territorio bonaerense, ante la crecida de casos de inseguridad por la pandemia, y un encuentro de trabajo entre los mandatarios que terminó con algunos gritos y subidas de tono.

Por otro lado, la desaparición de Facundo Astudillo Castro y el pedido de la madre del joven para apartar a la Policía bonaerense de la causa, por estar aparentemente involucrada en lo que pasó, a establecerse bajo la carátula de “Desaparición forzada de persona”, también viene a poner leña al fuego en un cuestionamiento sobre el accionar de la seguridad en la Provincia y el rol de Berni al mando de la misma.

Esta vez sin peleas (al menos públicas) en el medio, la Policía Federal a cargo de Sabina Frederic se encuentra accionando para lograr buscar vestigios sobre la desaparición de Facundo Astudillo Castro, que desapareció el 30 de abril, cuando testigos aseguran que la Policía bonaerense le hizo un acta por violar la cuarentena, para luego ser llevado a la comisaría de Mayor Buratovich, de la que habría  salido unas horas después.

Según la pista que sigue su madre, entre las 15.30 y 16 de ese mismo día, Facundo fue nuevamente interceptado por efectivos que lo introdujeron en una patrulla, y desde allí nada se sabe.

Tras las irregularidades y el pedido de la madre de Facundo, Berni le cedió el mando a la Federal y, al menos en este punto, las discusiones públicas con Frederic parecen haberse hecho a un lado. Una vez más, una cara de Berni un poco más amena y sin tanto cortocircuito, hasta el momento.

La cara visible ahora es Berni, pero bien podría ser otra, y el eje seguiría siendo el mismo ¿Cómo alejarse del calor de las internas? ¿Es posible construir un espacio político sin matices tan evidentes y aún así lograr un electorado conforme y que no se pierde entre las encrucijadas?

Lo cierto es que el Frente de Todos puso las manos en el fuego por ello, el mismísimo Alberto lo aclaró en reiteradas ocasiones, advirtiendo que su postura es la del diálogo, e incluso le marcó la jugada a un sector del oficialismo no muy conforme con su relación con la oposición: “Tenemos (en nuestra coalición) opciones a veces distintas, pero para mí el diálogo es el camino, a veces me acusan de dialoguista", había dicho Alberto durante su anuncio de la cuarentena el 17 de julio.

"Hay muchas especulaciones de los que dicen entender la política y son solo especulaciones. Me encanta que el Frente de Todos no tenga una voz única porque en la diversidad somos más fuertes (…) Pero si alguien quiere que deje de dialogar, no lo va a lograr", había expresado además.

Finalmente, varias preguntas quizá queden sin responder: ¿Es posible alejarse del calor de las internas? ¿O es un signo más de la inevitabilidad de un frente que nuclea voces que, aún bajo un mismo aparente mando, responde desde la inmensa diversidad? ¿Cuál es el límite entre la diversidad aceptable y lo inaceptable?

Por Vera Casanovas

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