martes 11 de agosto de 2020 - Edición Nº1412
Cronos Noticias » En Foco » 12 jul 2020 10:00

El escenario bonaerense

Idas y vueltas políticas en medio de la cuarentena

“Muchos están pensando en qué pasará el 18, pero nosotros seguimos pensando en fortalecer las medidas de contención, porque la curva diaria de contagios sigue en ascenso” en la región metropolitana, explican funcionarios del ministerio de Salud bonaerense.


Por: Ricardo Salas

En la sede gubernamental de calle 6 se advierte intranquilidad por el aumento de casos en las zonas de mayor circulación viral del Conurbano.

El gobernador Axel Kicillof buscará cerrar con el alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta una postura común de cara a cómo seguirá la cuarentena después del viernes 17 cuando venza el plazo original de la fase de aislamiento reforzado en el AMBA.

No obstante, el impetuoso aumento en el número de contagios por momentos empieza a poner en duda la idea de relajar el confinamiento, independientemente de la estrategia porteña por establecer más flexibilizaciones recreativas y comerciales.

En la gobernación bonaerense se inclinan por “abrir lo más posible” como futuro “plan” de reapertura. Porque al menos, desde el lado de la Provincia, Kicillof observa con inquietud el constante aumento en la tabla de contagios por el siempre vigente temor a un colapso hospitalario.

Un gobernante también se evalúa por cómo reacciona ante una emergencia coyuntural como la actual. En líneas generales, sería un grosero error político tomar una decisión de acuerdo al humor social en medio de una pandemia que no se sabe cómo va a evolucionar ni cuándo terminará. ¿O acaso flexibilizar actividades recreativas y permitir que un mayor número de personas salga a recorrer vidrieras comerciales no es un pasaporte directo a una suba de contagios por Covid?, se preguntan en La Plata.

La reaparición del expresidente Mauricio Macri en la escena pública (en medio de la investigación judicial por supuesto espionaje ilegal y la incipiente interna en Juntos por el Cambio por el comunicado que envió Patricia Bullrich sobre el asesinato de Fabián Gutiérrez), en vez de aquietar las aguas hacia adentro del espacio opositor actuó como un disparador de debates que hasta ahora estaban acallados.

Más allá los nombres, las declaraciones, o los documentos, lo cierto es que hay halcones y palomas en la oposición. Y esto cruza a los dos partidos principales que conforman la alianza: el Pro y la UCR. Quizá la excepción sea la Coalición Cívica, donde parece que todos son halcones en diferentes grados, con una Elisa Carrió que volvió del ostracismo autoimpuesto una semana antes que Macri, y fiel a su estilo, destrozó la gestión de Axel Kicillof en la primera crítica pública de ese tono que sufre la actual gestión. “Es el gobernador argentino que peor manejó la crisis del coronavirus”, dijeron los “lilitos” bonaerenses.

En la Provincia esas posturas están más difusas. El Pro, aún alineado con la figura de la exgobernadora María Eugenia Vidal, parece en general con posturas más moderadas, tanto en la exmandataria como en los intendentes, con Jorge Macri (Vicente López) o Néstor Grindetti (Lanús) a la cabeza.

En las diagonales refuerzan la diferencia entre los opositores de Juntos por el Cambio que tienen responsabilidades de gobierno, como los intendentes, y quienes conforman los liderazgos sin cargos de gestión y pueden desde ese lugar “dinamitar” cualquier clima de convivencia. Es decir, existe un ala moderada de dirigentes de la oposición que administran distritos y tienen líneas de acuerdo y colaboración con los gobiernos nacional y bonaerense para trabajar sobre los efectos de la pandemia. Después aparecen los “actores” de los sectores más radicalizados de cada espacio (macristas Pro y del kirchnerismo duro) que plantean una posición muy extrema de la grieta.

Es de esperar que la relación del Gobierno con la principal fuerza de la oposición se encarrile porque no solo que no pasó lo peor de la pandemia, sino que después viene la reconstrucción económica y social de lo que quede sobre este escenario sombrío.

Se sabe, una vez superada la emergencia, pueden proyectarse cambios muy profundos en la Provincia, no sólo en términos de salud pública, sino también desde el punto de visto económico.

De todas maneras, el primer test se verá el 11 de octubre, cuando el radicalismo bonaerense defina en internas el recambio de autoridades partidarias.

Allí pujan el presidente del bloque de diputados bonaerenses de Juntos por el Cambio, Maximiliano Abad, que encabeza un acuerdo con el exvicegobernador y actual titular partidario, Daniel Salvador, y el alcalde de San Isidro, Gustavo Posse, en alianza con dos históricos como Federico Storani y Juan Manuel Casella.

Por las declaraciones públicas, podría decirse que Posse representa una especie de halcón, aunque el presidente del comité nacional de los boina blanca, Alfredo Cornejo, un halcón hecho y derecho, en la Provincia pone sus fichas en el marplatense Abad.

Otros condimentos aportan a esta interna, como por ejemplo las bajadas del porteño Martín Lousteau al territorio bonaerense, cuestión que pone nerviosos a más de uno. Y no sólo del radicalismo, sino en las filas del Pro también.

Es que en todas estas movidas de fondo se encuentran las futuras candidaturas. Y la jefatura de gobierno porteña es uno de los sillones más apetecidos por el espacio.

Es cierto que faltan tres años, y en Argentina eso puede ser un siglo, pero los edificios se construyen desde abajo, ladrillo por ladrillo, y todos lo saben.

Por Ricardo Salas

Fuente: lanueva.com

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