miércoles 23 de septiembre de 2020 - Edición Nº1455
Cronos Noticias » Relatos Bonaerenses » 21 jun 2020 10:00

Relatos bonaerenses

Historias de Crímenes: “El Pibe Cabeza” y un raid delictivo que terminó por amor

Rogelio Gordillo, el inventor de lo que luego serían las superbandas, puso en jaque la policía de tres provincias. Su historia delictiva, que comenzó defendiendo su amor por una mujer, terminó por no poder estar alejado de la que sería la madre de su hija.


Por: Hernán Marty

Si hay alguna explicación para una exhibición tan macabra, sólo Dios lo sabe. Lo cierto y a la vez paradójico e irónico, es que la cabeza de quien fuera el cerebro de la primer superbanda argentina, se encuentra en el museo de la Policía Federal adentro de un frasco lleno de formol, como un espécimen cualquiera de laboratorio; pero no, es la de Rogelio Gordillo, conocido en el mundo del hampa como “El Pibe Cabeza”.

Gordillo había nacido en Colón, provincia de Buenos Aires, el 9 de junio de 1910. Fue uno de los siete hijos de un matrimonio de chacareros y cuando su padre murió, su mamá dejó el campo y se instaló en General Pico, La Pampa.

A los 18 años se enamoró de una chica de 15 y como la madre de ella se oponía a la relación, la fue a ver y le pegó dos balazos. Huyeron y se refugiaron en una chacra, donde fueron sorprendidos durmiendo. Su primer descontrol lo llevó tras las rejas en la cárcel de Santa Rosa, por 8 interminables meses y su vida ya no sería la misma.

Desde su salida comenzó su real carrera delictiva y ya no fue Rogelio Gordillo, sino “El Pibe Cabeza”. Pasó a la historia por ser el asaltante que diseñó una estrategia criminal hasta ese momento desconocida en el país: formar una banda que actuaba con sincronización cronometrada, que se movilizaba en autos modernos y utilizaba ametralladoras Thompson -las que tienen los enormes tambores circulares, que se ven en las viejas películas sobre Al Capone- lo que les daba mayor poder de fuego que el que tenía la Policía. Al contrario del significado que su sobrenombre puede tener hoy, a este criminal se lo podía ver en todos sus robos vestido con un impecable traje oscuro y peinado ‘a la gomina’, algo elegante, pero bastante común para la época.

El resentimiento de Gordillo hacia la autoridad no nació de su encierro en Santa Rosa, según dijo alguna vez su madre, Gregoria Lagarda, brotó por el maltrato recibido por su padre, militante político del Partido Socialista en la zona agraria, que fue detenido y recibió una paliza fenomenal. Este hecho marcó y resintió profundamente al "Pibe Cabeza" y puso una línea divisoria entre su persona y la autoridad.

En su estadía en la cárcel se relaciona con Federico Cherrubio, alias “La Chancha”, un miembro activo del hampa. Al salir se traslada a Rosario, lugar donde se convierte en ‘cafisho’, ‘datero’ en el hipódromo, y ‘descuidista y punguista’, aprovechando la concentración de personas.

Tiempo más tarde entra a la banda de Antonio Moreno, compuesta por el “Negro” Motta, el “Nene” Oscar Martínez y Antonio Caprioli, alias “El Vivo”. No pasaría mucho tiempo para que ésa, fuera su banda, ya no la de Moreno. A la misma se incorporarían más tarde Juan De la Fuente y los hermanos Alfredo y Daniel Ritondale, quien a la postre sería su ‘Judas’ pasando el dato a la Federal para que lo apresaran.

El raid delictivo de la banda comenzó a medida que algunos de sus integrantes ingresaban y otros salían. Pero Gordillo no se tomaba a la ligera el hecho de enfrentarse y escapar de la policía, por lo que después de algunos robos menores, compraron dos autos, ametralladoras y pistolas y salieron a cometer los primeros golpes del tipo comando ocurridos en nuestro país.

La frecuencia con la que cometían sus fechorías era inusitada para la época y su leyenda creció conforme se cometían nuevos atracos. En Rosario, Casilda, Armstrong, Venado Tuerto, Villa María, entre otras ciudades de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires, se contaban historias sobre atracos legendarios, en donde la violencia y la muerte eran protagonistas de los relatos.

Pero fue el asalto ocurrido en enero de 1937 el que más repercusión tuvo en los medios y el que marcó el comienzo del final para la primer superbanda. En Rosario, asaltaron una joyería y se llevaron consigo lingotes de oro, alhajas por 60 mil pesos y otros 1.500 en efectivo. En la huida, el auto en el que escapaban atropelló a un canillita de 12 años. El “Pibe Cabeza” se detuvo y le dio unos pesos al chico, momento en el que, sin saber ante quien estaba, se acercó el cabo Santo Contreras y dijo que tenían que ir al hospital y de ahí a la comisaría.

La banda de Gordillo secuestró al canillita, al policía y a un matrimonio, a quien le robaron el auto. El dueño de ese vehículo y el canillita fueron abandonados en la huida y el cabo Contreras fue cobardemente asesinado. Y la mujer recién fue liberada un par de días después. La muerte del cabo le dio “carta blanca” a la policía de tres provincias y a la de Capital Federal, para cazar sin piedad a sus asesinos.

Luego del escape la banda hace una parada en Junín. Algunos miembros sugieren ‘guardarse’ por un tiempo, pero Gordillo quiere ir a la Capital Federal a ver a María Romano, una joven de 19 años que vive en Mataderos y que espera una hija suya. Tras no llegar a un acuerdo, parte hacía la residencia de Romano junto con Caprioli, su lugarteniente y mano derecha.

Cuando llegaron las calles estaban vestidas con las fiestas del carnaval, pero un soplón de su propia banda, le había pasado el dato a la Federal de que allí estarían. El comisario Héctor Fassio y los agentes Daniel Russo, Carlos Morales y Carlos Antequera, integrantes de la División de Robos y Hurtos, empezaron a vigilar la casa hasta que un martes, “El Pibe” y Caprioli salen a dar una vuelta y son sorprendidos por la autoridad.

El “Pibe Cabeza” se escuda detrás de un árbol, saca dos pistolas y empieza a disparar contra los agentes tirando con las dos manos, hasta que el fuego oficial impacta sobre su persona dándole muerte, acribillado por la Policía. Fueron 51 los fogonazos que tronaron en las calles del barrio de Mataderos, y como muestra final de la fiereza del enemigo público número uno del país, todavía quedan las marcas sobre las paredes de una fábrica de cueros y, por supuesto, del árbol que no lo pudo cubrir.

Caprioli pudo escapar secuestrando a punta de pistola un colectivo, pero meses después correría el mismo destino que su patrón, al ser acribillado junto a "Nene" Martínez y Juan De la Fuente en una quinta de Junín. Increíblemente, fue también por el amor de una mujer, Ana Magadán (novia del Nene) que la policía dio con su paradero.

Así, la primer superbanda cayó por amor y de ella solo sobrevivieron los hermanos Ritondale, por la conversión de Daniel en delator.

Tras sus muertes, los cuerpos fueron enterrados bajo nombres falsos. Caprioli, Martínez y De la Fuente, yacen en una tumba común del cementerio de Junín bajo el nombre de ‘Los Amigos’, pero el destino de Gordillo fue macabro, y quizás hasta irónico.

Algún tiempo después del deceso de Gordillo, llegó a su Colón natal un cajón que trasladaba su cuerpo y que fue sepultado bajo otro nombre, pero ese ataúd no contenía la integridad física del “Pibe Cabeza”.

Como trofeo quizás, se encuentra en un frasco lleno de formol en el Museo de la Policía Federal, la cabeza de quien durante 18 años se burló de las autoridades, hasta que el amor y la traición la tomaron como precio de una vida signada por la violencia.

Perder la cabeza es una frase que se utiliza cuando alguien realiza un acto alocado en el cual no se miden las consecuencias. En el caso de Rogelio Gordillo, la perdió 3 veces: La primera lo acercó al crimen; la segunda lo acercó a la muerte; y la tercera la perdió, literal y definitivamente.

Por Hernán Marty, especial para CRONOS

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