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Cronos Noticias » Relatos Bonaerenses » 13 may 2020 07:30

Relatos bonaerenses

Historias de Crímenes: Condenada por la pericia de Vucetich

El perfeccionamiento del sistema dactiloscópico ayudó a condenarla y sentar las bases de los estudios forenses que hoy se utilizan para condenar a sospechosos con estudios científicos irrefutables.


Por: Hernán Marty

Mucho tiempo antes de que Jerry Bruckheimer, Mark Gordon y Ed Bernero, produjeran para la cadena estadounidense CBS las exitosas series CSI y Criminal Minds, el escritor correntino Velmiro Ayala Gauna, mostraba en su cuento “El Psicoanálisis” cómo pelando una naranja se puede condenar a un asesino.

Tanto el Comisario Frutos Gómez, protagonista de los relatos policiales que el escritor del norte argentino publicó en la década del ´60, como los intérpretes de las ficciones de los Estados Unidos, se valen de las herramientas que les da el análisis de las pruebas encontradas en la escena del crimen, a través de lo que se denomina Ciencia Forense.

Pero esta especialidad, como todo en este mundo, tuvo un comienzo mucho más modesto, en el que los intrincados métodos de interrogación de hoy en día, las pruebas de balística, los análisis de ADN o los perfiles psicológicos, eran cosas inimaginables para el momento.

La ciencia forense como tal, tuvo su nacimiento a finales del siglo XIX en la ciudad de La Plata, cuando el antropólogo croata Iván Vučetić, más conocido como Juan Vucetich, perfeccionó y simplificó el sistema dactiloscópico, lo que otorgó una característica única e irrepetible a cada ser sobre el planeta.

Vucetich no es como se cree, quien descubrió las huellas digitales. Ese mérito pertenece al antropólogo inglés Francis Galton, quien propuso su utilización para la identificación personal en reemplazo del inexacto sistema Bertillon.

Para ello, el anglosajón determinó 40 rasgos para la clasificación de las impresiones digitales, aunque no profundizó en su estudio debido a que lo que él pretendía era determinar las características raciales hereditarias de las personas, sobre las que las huellas digitales no podían dar información.

En base al trabajo de Galton y por pedido del Jefe de Policía de la Provincia de Buenos Aires Guillermo Núñez, Vucetich profundizó ese estudio para sentar las bases de una identificación personal fiable. De esta forma, los 40 rasgos iniciales llegaron a ser 101, que luego el perito logró simplificar agrupando las huellas según cuatro características principales.

A partir de estos métodos, la policía bonaerense inició en 1891, lo que por primera vez en el mundo se conoció como registro dactiloscópico de las personas que hoy, a más de 100 años de su descubrimiento, y con variaciones sustanciales en los métodos de relevamiento, archivo y comparación, todavía se basa en los cuatro rasgos elegidos por Vucetich.

Este sistema fue el que finalmente sirvió para sentenciar a Francisca Rojas de Caraballo, quien en la historia criminal bonaerense puede ser considerada como la primera persona en el mundo que fue condenada a partir de la evidencia otorgada por sus propias huellas digitales.

La suerte de Rojas quedó sellada el 29 de junio de 1892, cuando con 27 años de edad, asesinó a sus dos hijos, Ponciano Caraballo Rojas (de 6 años) y su hermana Felisa (de 4), en su casa ubicada en la localidad balnearia de Necochea.

Para tratar de encubrir su crimen, Francisca simuló un ataque contra su persona cortándose la garganta y culpó de ambos homicidios a su vecino, Pedro Ramón Velázquez. Cuando la policía apresó a Velázquez, este negó haber cometido los crímenes, por lo que la línea de investigación cambió en busca de pruebas incriminantes o fehacientes.

Tras una búsqueda infructuosa de indicios que condenaran al sospechoso, la policía finalmente encontró una huella digital ensangrentada en una ventana de la casa, y como la madre negó haber tocado los cadáveres de los dos niños (implicando haberse manchado con la sangre de ellos), sólo se podía inferir que la huella en cuestión perteneciera al propio homicida.

Aquí es el momento en que Vucetich brilla con su descubrimiento, porque con su ayuda se determinó que las impresiones digitales no pertenecían a Pedro, sino a la propia Francisca, que una vez confrontada con la prueba, confesó haber asesinado a sus hijos. De esta forma, Francisca Rojas se convirtió en la primera persona a nivel mundial, en ser condenada en base a la prueba o evidencia criminalística, otorgada por sus propias huellas digitales.

Por Hernán Marty especial para CRONOS

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