2 abr 2026
Las deudas bonaerenses empezaron a encender una luz roja en la provincia de Buenos Aires y el golpe ya se siente con más fuerza en los extremos etarios. Un informe del Centro de Estudios del Banco Provincia advirtió que la morosidad de las familias alcanzó en enero el 10,6% a nivel nacional y trepó al 15,4% en territorio provincial, con atrasos superiores a los 90 días.
El dato no aparece aislado: detrás hay una combinación cada vez más repetida en los hogares argentinos. Ingresos que no alcanzan, mayor uso del crédito para cubrir gastos corrientes y una capacidad de pago cada vez más frágil. En ese contexto, el endeudamiento dejó de ser un problema puntual y pasó a convertirse en una señal más amplia del deterioro del consumo y del bolsillo.
Uno de los focos más delicados está entre los más jóvenes. La mora entre personas de 18 a 21 años rozó el 40%, una cifra que expone con crudeza la vulnerabilidad de un sector atravesado por la precarización laboral, la informalidad y las dificultades para conseguir empleo estable. En muchos casos, el crédito aparece como una salida rápida, pero también como una trampa difícil de sostener.
El otro dato que más preocupa es el salto entre los jubilados. Según el relevamiento, la morosidad en adultos mayores prácticamente se multiplicó por cuatro en comparación con un año atrás. El fenómeno está atado a una pérdida sostenida del poder de compra, que obliga a muchos hogares a financiar incluso gastos básicos como alimentos, medicamentos o servicios.
El informe también pone la lupa sobre el peso que ganaron las fintech dentro del endeudamiento familiar. Allí la mora aparece todavía más alta que en el sistema bancario tradicional, tanto entre jóvenes como entre jubilados. La facilidad para acceder a préstamos digitales, muchas veces en pocos minutos y sin demasiados filtros, amplió el financiamiento, pero también el riesgo de caer en incumplimientos.
En paralelo, el escenario económico ayuda a entender por qué la situación se volvió más tensa. La caída del salario real, el deterioro de los ingresos públicos e informales y la desaceleración del consumo fueron configurando un combo que dejó a muchas familias con menos margen para llegar a fin de mes. Cuando eso ocurre, la deuda deja de ser una herramienta y pasa a ser un problema estructural.
Con ese telón de fondo, el informe del Banco Provincia deja algo más que una estadística: muestra cómo la crisis se mete de lleno en la vida cotidiana. Y si bien el problema atraviesa a distintos sectores, el dato que sobresale es que hoy los más expuestos son quienes menos espalda tienen para absorber un golpe económico: jóvenes que recién arrancan y jubilados que ya vienen perdiendo hace años.
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