26 feb 2026
La cúpula del gabinete del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, atraviesa una intensa interna política y administrativa, en la que el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, se convirtió en el foco de fuertes discusiones con varios de sus pares y con sectores del propio oficialismo provincial. La disputa, que ya vino siendo anticipada en entrevistas del funcionario, escaló en los últimos días con enfrentamientos internos sobre roles y competencias.
El choque principal se da entre Bianco y Andrés Larroque, ministro de Desarrollo de la Comunidad, por el control de áreas sensibles como el Organismo Provincial de Niñez y Adolescencia. Según fuentes oficiales, Bianco viene insistiendo en quedarse con esa área estratégica, hasta ahora bajo la supervisión de Larroque, lo que profundizó la grieta entre ambos.
El organismo de Niñez es considerado por Larroque y su entorno como eje de su gestión dentro del gabinete y un sostén clave para la base territorial de su espacio político. La directora del organismo, Andrea Cáceres, corre con la posibilidad de su desembarco en una posición clave como autoridad del Puerto Quequén, que dejó vacante la actual diputada nacional del Frente Renovador, Jimena López, lo que intensificó la tensión con Bianco.
En paralelo, servidores públicos y dirigentes provinciales observaron un clima de desencuentro también con el llamado “ala técnica” del gobierno, conformada por ministros con perfil profesional y técnico histórico dentro del círculo de confianza de Kicillof. Entre ellos, se mencionan al ministro de Producción, Augusto Costa, la secretaria General, Agustina Vila, y al ministro de Hacienda, Pablo López.
Las diferencias con ese equipo de gestión técnica van más allá de cuestiones funcionales: apuntan a la distribución de recursos presupuestarios y al protagonismo en las decisiones estratégicas del gobierno provincial. Según allegados, Bianco habría tenido tensiones recurrentes con López por la asignación de partidas presupuestarias para áreas de su ministerio.
El malestar también se observó en el trato entre Bianco y Vila, según fuentes consultadas, en discusiones por cuestiones de gabinete y decisiones internas que terminaron por profundizar la falta de sintonía entre ellos. Estos sectores técnicos son percibidos por algunos como más cercanos a la gestión económica y a la visión tradicional del gobernador, lo que excluye a Bianco de ciertas definiciones.
A estos roces se suma otro foco de conflicto: la proyección política nacional del ministro de Gobierno. Las fuertes declaraciones de Bianco sobre la conducción del peronismo y de figuras como Cristina Kirchner generaron rechazo en sectores del oficialismo que consideraron inoportunas y divisivas en plena negociación política y social.
La interna del gabinete coincide con un momento complicado en la política provincial, marcado por reclamos sindicales y presiones sociales, lo que obliga al mandatario a equilibrar las tensiones internas con la gestión de crisis que atraviesa la Provincia. Algunos funcionarios técnicos sostienen que estas peleas desvían la atención de las prioridades de gestión.
A pesar de los roces, desde el entorno de Kicillof aseguran que se han mantenido canales de diálogo abiertos y que todas las diferencias se deben abordar en el marco del gabinete, buscando no desbordar hacia la prensa ni afectar la gobernabilidad. El propio gobernador hizo hincapié en la necesidad de sumar sectores y dirigentes en un discurso reciente sobre la unidad política.
La interna en el gabinete bonaerense expone no solo una disputa por cargos, funcionarios y estructuras dentro del gobierno de Kicillof, sino también una pugna por el estilo de conducción política y la proyección del espacio de cara a los desafíos electorales y sociales de los próximos años, en un contexto marcado por tensiones tanto en el peronismo nacional, y también, pese al acuerdo de unidad, en el Justicialismo provincial en distintas localidades que tiene el territorio bonaerense y la gestión frente a la administración nacional.
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