6 ene 2026
La provincia de Buenos Aires cerró 2025 con 120.138 nacimientos, una cifra que confirma la profundización de la caída de la natalidad y marca un descenso del 9,1% respecto de 2024 y de más del 55% en comparación con 2020, según datos oficiales del Registro Provincial de las Personas. El fenómeno consolida una tendencia que se arrastra desde hace más de una década en la Argentina.
El retroceso no es aislado ni coyuntural. Desde 2014, el país registra una disminución sostenida en los nacimientos, que se aceleró con la pandemia de COVID-19 y no logró revertirse en los años posteriores. En el caso bonaerense, los datos disponibles desde 2020 muestran una curva descendente constante, con una reducción año tras año.
La ciudad de La Plata aparece como un reflejo claro de esta crisis demográfica. En 2020 se contabilizaron 10.831 nacimientos, mientras que en 2024 la cifra cayó a 8.172. Salvo un leve repunte en 2022, la capital bonaerense produjo 2.600 nacimientos menos con respecto a cuatro años anteriores, una señal que preocupa a especialistas en salud pública y planificación urbana.
El impacto del descenso se replica en gran parte del territorio provincial. De los 135 municipios, solo 27 lograron registrar más nacimientos que en 2024, mientras que los distritos más poblados, como La Matanza, La Plata, Quilmes y General Pueyrredón, también exhibieron retrocesos significativos en términos absolutos.
Entre ellos, Gonzáles Chaves; Berazategui; Brandsen; Campana; Carlos Tejedor; Coronel Rosales; Coronel Dorrego; Daireaux; Escobar; Alvear; Lavalle; General Paz; Ituzaingó; Laprida; Alem; Monte; Monte Hermoso; Necochea; Patagones; Roque Pérez; Saavedra; Salliqueló; San Vicente; Tandil; Tordillo; Tornquist y Villarino.
Uno de los datos más sensibles es el saldo natural negativo: en 2025 se registraron alrededor de 133.900 defunciones, superando la cantidad de nacimientos. Esto implica una reducción neta de la población bonaerense, un escenario inédito en décadas y con fuertes implicancias a mediano y largo plazo.
Los especialistas señalan que las causas son estructurales. Cambios en los proyectos de vida, postergación de la maternidad, dificultades económicas, mayor acceso a métodos anticonceptivos y transformaciones culturales explican buena parte del fenómeno. La incertidumbre económica y laboral también juega un rol central en la decisión de no tener hijos o hacerlo más tarde.
Las consecuencias trascienden lo estadístico. Una natalidad en baja impacta en el sistema educativo, el mercado laboral, la estructura previsional y la planificación de políticas públicas. En ciudades como La Plata, con fuerte peso universitario y administrativo, el desafío será adaptar el desarrollo urbano y social a una población que envejece.
A nivel global, el panorama no resulta alentador. Proyecciones de organismos internacionales advierten que hacia el año 2100 la mayoría de los países del mundo tendrá tasas de fertilidad por debajo del nivel de reemplazo. En ese contexto, Buenos Aires y sus municipios enfrentan el desafío de repensar políticas de largo plazo para un escenario demográfico que ya empezó a cambiar.
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