jueves 23 de mayo de 2019 - Edición Nº966
Cronos Noticias » Opinión » 5 mar 2019

Mal gobierno a la deriva y la necesidad de un buen gobierno a futuro


Por Guillermo Justo Chaves

Por Guillermo Justo Chaves*

Después de las palabras del presidente Macri del 1 de marzo aparecen tres datos objetivos de la realidad que muestran a un mal gobierno, a la deriva  y con un discurso que solo merece una calificación: Despedida.

En primer lugar, la evaluación de la situación económica, sostenida solo con la ya deteriorada palabra presidencial al anunciar a baja de la inflación, cuando la misma fue la más alta en los últimos 27 años; la poco seria afirmación de creación de 700.000 puestos de trabajo cuando el día anterior las cifras oficiales hablaban de pérdida de 200.000 empleos, y al mismo tiempo evitó hablar del resto de los desastrosos indicadores económicos. El desacople de Macri con la realidad evidencia impotencia o un cinismo nunca visto.

En segundo lugar, la profundización de la confrontación. Un gobierno que entre todas sus promesas incumplidas sostuvo que venía a unir a los argentinos. Un presidente que grita desaforado, que habla de moral o ética con la bragueta abierta, encuentra en el odio, la división y la provocación su principal sostén para intentar ser competitivo amparado por un fenomenal dispositivo comunicacional promotor de un “todos contra todos”.

En tercer lugar algo que resulta asombroso. Debía plantear mínimamente un proyecto económico para salir de esta crisis autogenerada a partir de la “gran estafa energética”. No hubo nada de eso. El único plan que tiene el gobierno para este año es intentar lograr la estabilidad cambiaria. No hay idea de cómo controlar la inflación o reactivar la economía. Sólo mantener el dólar planchado. Cuatro años de gestión para eso.

El mismo Macri ha dicho que su gobierno debía evaluarse en términos de cómo controló la inflación o logró bajar la pobreza. Hoy ya podemos decir que su perfomance económica y social es mucho peor que la del gobierno de De la Rúa.

Macri ha demostrado impericia para conducir a la nación. En los términos de sus propias ideas, provenientes de la ortodoxia neoliberal, tomó medidas contradictorias al utilizar herramientas de política monetaria del Banco Central para intentar bajar la inflación al mismo tiempo de generar una importante devaluación y un megatarifazo que aumentaron la inflación. Allí estuvo el origen del descalabro sin fin: la estafa de las tarifas.

Las consecuencias de sus políticas son harto sabidas; recesión con inflación, endeudamiento externo, fuga de capitales, y caída sustancial en las condiciones de vida de la mayoría de los argentinos, entre muchas consecuencias nefastas. Esto tristemente agravado con la intromisión del FMI en nuestra economía. Ya nada de esto es novedad.

En término de democracias modernas hace tiempo se habla de crisis de representación, la bronca de la gente con la política, etc. Hoy más allá de esa crisis, siempre presente debemos hablar de buen gobierno o de mal gobierno. De un buen gobernante o un mal gobernante.

Desde tiempos inmemoriales existieron formas de caracterizar al buen gobernante. En la Edad Media se trataba del príncipe virtuoso, en él se hallaban las cualidades morales para el ejercicio del buen gobierno. Se veía en su virtud la posibilidad de ejercer acciones para reparar daños e injusticias en lo social.

Ya en tiempos de la modernidad, los revolucionarios franceses hablaban del “puro elegido”, poniendo énfasis en el talento y la virtud. Y el gran dilema era ¿cómo detectar el talento y la virtud?

Durante el siglo XX con Max Weber aparece la idea del hombre político por vocación. Con una ética de convicciones, el sentido de la responsabilidad y la capacidad para abarcar la realidad desde su complejidad y con una mirada temporal.

Otras características que suman a la figura de un buen gobernante consisten en generar confianza, es el hombre de confianza sobre quien se pueden construir hipótesis acerca de su conducta futura; debe actuar con humanidad, sensibilidad y con la obligación moral de gobernar de acuerdo a la equidad.

Con todo lo visto hasta aquí nuestras conclusiones sobre el gobierno de Cambiemos y de Macri como gobernante están a la vista. Un mal gobierno y un mal gobernante. Sin embargo, a diferencia de tiempos anteriores la tecnología y el poder económico provee de un dispositivo fenomenal de producción de sentido común destinado a hacer creer que lo virtual es real o la mentira es verdad.

Frente a ello, como oposición tenemos que proponer a la sociedad la idea de que se puede gobernar bien, desde la política y al servicio de la mayoría de los argentinos, no de unos pocos.

Que necesitamos la unidad para dar respuesta a millones de argentinos que han sido golpeados durante estos más de tres años.

Que necesitamos un programa de gobierno con prioridades sostenido en la recuperación del trabajo, del aparato productivo, del consumo y el desarrollo y que somos capaces de gestionar con eficiencia.

Que podemos generar esperanza y futuro. Ser capaces de desarrollar propuestas mejores que las de Macri y de las anteriores experiencias.

Que podemos contar con los mejores, mujeres y hombres, los más probos, los más instruidos, los más deseosos por el bienestar de todos los argentinos.

*Dirigente PJ - Grupo Callao- Red x Argentina

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