martes, 31 de marzo de 2026 - Edición Nº3470
Cronos Noticias » Provincia » 31 mar 2026 11:33

Desperdicio, despidos y presión

Pablo Moyano escala la pelea por la basura en La Plata y Villa Gesell: obligó a Kicillof a moverse

El conflicto por despidos en la recolección de residuos escala en los dos distritos bonaerenses. El líder camionero redobla la presión sobre intendentes axelistas y fuerza la intervención del gobernador.


  • Pablo Moyano escala la pelea por la basura en La Plata y Villa Gesell: obligó a Kicillof a moverse

La pelea por la basura dejó de ser un conflicto gremial acotado y se convirtió en un problema político para el gobernador Axel Kicillof. La presión del secretario general de Camioneros, Pablo Moyano por despidos y recortes en el servicio de recolección obligó al mandatario bonaerense a intervenir de urgencia para intentar contener una escalada que golpea de lleno a dos intendentes propios: Julio Alak en La Plata y Gustavo Barrera en Villa Gesell.

La señal más clara llegó el lunes, cuando Kicillof recibió en Gobernación al número dos de Camioneros. El encuentro se produjo después de varios días de protestas y de una advertencia concreta del gremio: si no aparece una salida, el conflicto podría subir un escalón y derivar en un paro provincial con movilización a La Plata. En el entorno sindical aseguran que el gobernador prometió buscar una solución rápida.

El primer foco de tensión se abrió en Villa Gesell. Allí, la rescisión parcial del vínculo con la empresa Santa Elena derivó en la pérdida de decenas de puestos de trabajo vinculados al barrido y la recolección, una decisión que detonó la reacción de Camioneros. La Provincia, a través del Ministerio de Trabajo que conduce Walter Correa, terminó dictando la conciliación obligatoria para desactivar el incendio.

Pero el problema no quedó encerrado en la costa. En La Plata, el gremio puso la lupa sobre la situación de ESUR y denunció que hay cerca de 150 puestos en riesgo por un eventual recorte en el esquema del servicio. El dato encendió alarmas no sólo por el impacto laboral, sino porque toca una fibra sensible de la gestión de Alak: la basura es uno de los servicios más visibles y políticamente costosos de cualquier intendencia.

La avanzada de Moyano también tiene una lectura política más amplia. Desde que renunció al triunvirato de la CGT a fines de 2024 por diferencias con el ala dialoguista, el dirigente camionero viene construyendo un perfil más confrontativo y autónomo. En ese esquema, el conflicto con municipios peronistas le permite mostrar iniciativa, músculo territorial y capacidad de presión en un momento de reacomodamiento sindical.

En la Gobernación saben que el conflicto llega en un momento incómodo. Varios intendentes vienen revisando contratos de servicios en medio de la caída de la coparticipación, el freno de la actividad y presupuestos cada vez más apretados. En ese mapa, la recolección de residuos aparece como uno de los rubros más caros de sostener, pero también como uno de los más explosivos si se desordena.

La incomodidad crece además porque los intendentes que quedaron en el centro de la escena forman parte del universo político que Kicillof intenta consolidar de cara a su proyecto nacional. Alak y Barrera orbitan en el esquema del Movimiento Derecho al Futuro, la herramienta con la que el gobernador busca darle volumen propio a su armado rumbo a 2027. Que el conflicto estalle ahí no es un detalle menor.

Por eso, más allá del reclamo puntual por despidos, lo que está en juego es la capacidad del gobernador para arbitrar entre dos socios incómodos pero indispensables: los intendentes y el sindicalismo. Si Kicillof no logra enfriar la pelea, el conflicto puede mutar de problema municipal a señal de desorden interno en el corazón de su armado bonaerense. Y ahí la basura dejaría de ser sólo basura para convertirse en un dolor de cabeza político mayor.

En ese marco, el desenlace de las próximas horas será clave. Camioneros ya mostró que no piensa retroceder sin garantías concretas y los municipios, con las cuentas bajo presión, tampoco tienen demasiado margen para absorber costos extras. En una provincia donde cada conflicto sectorial tiende a escalar rápido, Kicillof quedó obligado a hacer equilibrio entre la gestión, la caja y la interna.

Lo que empezó como una disputa por contratos y puestos de trabajo ya expuso algo más profundo: la fragilidad de los municipios frente al ajuste y el límite cada vez más fino entre administración y conflicto político. En ese escenario, Moyano encontró una oportunidad para marcar la cancha y el kicillofismo, un frente inesperado que amenaza con pegarle justo donde más necesita orden.

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