La tradicional quema de muñecos de fin de año en La Plata volvió a tratarse en la agenda política bonaerense luego de que la diputada provincial Lucía Iañez presentara un proyecto para que la celebración sea reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial. La iniciativa busca darle un marco legal a una práctica que, con el paso de los años, se convirtió en una de las expresiones más representativas de la capital bonaerense.
La propuesta se apoya en la Ley 15.395 de la provincia de Buenos Aires, normativa que regula la preservación de manifestaciones culturales no materiales, es decir, aquellas tradiciones, usos y expresiones colectivas que forman parte de la identidad social de una comunidad. En ese marco, el texto presentado en la Legislatura apunta a incorporar formalmente a los muñecos platenses dentro del patrimonio protegido por el Estado bonaerense.
En los fundamentos, la legisladora pone el foco en el valor simbólico y comunitario de una costumbre que excede la quema del 31 de diciembre. Cada cierre de año, distintos barrios de La Plata se organizan durante semanas para diseñar, financiar y construir enormes estructuras que luego son exhibidas como parte de un ritual colectivo que convoca a vecinos, familias y visitantes.

La historia de esta tradición tiene raíces profundas en la ciudad. Distintas reconstrucciones ubican uno de sus primeros antecedentes organizados en 1956, en la esquina de 10 y 40, donde se habría montado uno de los primeros muñecos que luego marcarían el inicio de una costumbre barrial que terminó escalando a fenómeno urbano. Con el correr de las décadas, especialmente desde los años 90, la práctica ganó volumen, creatividad y nivel de organización.
En paralelo, la celebración también fue sumando regulación y control oficial. En los últimos años, la Municipalidad de La Plata avanzó con inscripciones previas, capacitaciones, inspecciones y exigencias de seguridad para habilitar la quema, con límites de tamaño, distancias mínimas y condiciones específicas para evitar riesgos en el espacio público. Esa dimensión muestra que la tradición no solo conserva arraigo popular, sino también una escala que requiere planificación estatal.

Más allá del expediente legislativo, el debate también reabre una discusión de fondo sobre qué prácticas forman parte de la identidad cultural platense. La quema de muñecos no solo es vista por sus organizadores como una fiesta de fin de año, sino también como una construcción colectiva que fortalece vínculos barriales, moviliza trabajo comunitario y sostiene una memoria cultural transmitida entre generaciones.
Si el proyecto avanza en la Legislatura bonaerense, La Plata podría dar un paso clave para blindar institucionalmente una de sus postales más reconocidas. Por ahora, la iniciativa vuelve a instalar en el centro de la escena una tradición que, entre cartón, madera, pintura y fuego, cada diciembre convierte a la ciudad en un enorme taller a cielo abierto.