El último relevamiento del Banco Provincia expone que la economía argentina muestra señales de repunte en la actividad durante los primeros meses del año, impulsada principalmente por las exportaciones, aunque en paralelo los salarios reales continúan en retroceso. El fenómeno se da en un contexto de alta inflación, expectativas desalineadas y un mercado interno que no logra recomponerse.
El informe describe una dinámica poco habitual para el país: crecimiento económico agregado junto a una caída sostenida del poder adquisitivo. Esta combinación, que históricamente fue excepcional, empieza a repetirse con mayor frecuencia y plantea el riesgo de consolidar un esquema de desequilibrios que podrían sostenerse en el tiempo sin correcciones de fondo.
Los datos muestran que el nivel de actividad viene en alza, con mejoras acumuladas en los últimos meses, pero sin impacto positivo en los ingresos de los trabajadores. Los salarios privados registrados sufrieron nuevas caídas en términos reales, profundizando una tendencia que arrastra pérdidas desde mediados del año pasado y afecta directamente al consumo.

El motor de esta recuperación se encuentra en sectores ligados al mercado externo. El agro y la minería lideran el crecimiento con subas significativas, mientras que rubros más vinculados al mercado interno, como la industria y la construcción, siguen rezagados y todavía no logran recuperar los niveles previos.
En este escenario, las exportaciones ganaron protagonismo y explican una parte central del crecimiento reciente. Sin embargo, ese impulso no alcanza para compensar la caída del consumo ni la inversión interna. La menor disponibilidad de crédito y la pérdida de empleo formal agravan un panorama donde la demanda doméstica permanece debilitada.
El informe también pone el foco en la inflación y las expectativas económicas. Según el análisis, las paritarias suelen basarse en proyecciones que quedan por debajo de la inflación real, lo que genera una pérdida sistemática del salario. El desafío, advierte la entidad, no es solo reducir la inflación, sino alinear las expectativas para evitar que el deterioro del ingreso siga profundizándose.