El fin de semana largo por el Día de la Memoria dejó una postal ambigua para el turismo argentino: hubo movimiento, pero con billeteras ajustadas. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), se movilizaron 1.012.000 turistas en todo el país, con un impacto económico estimado en $231.084 millones. Sin embargo, el perfil de consumo volvió a encender señales de alerta en el sector.
El dato que más preocupó fue el gasto promedio por viajero. De acuerdo al relevamiento empresario, cada turista desembolsó en promedio $103.793 por día, una cifra que quedó 7% por debajo del nivel registrado durante el feriado de Carnaval. En otras palabras, hubo más circulación que ostentación: escapadas breves, gastos medidos y una fuerte preferencia por actividades gratuitas o de bajo costo.
Desde CAME resumieron el fenómeno con una definición que pinta el clima de época: “Se consolidó un perfil de viaje austero”. La estadía promedio fue de apenas 2,2 noches, un número bajo para un descanso de cuatro días. La explicación combina varios factores: inflación, salarios que siguen corriendo de atrás y una demanda que empieza a seleccionar cada peso antes de salir a la ruta.

A diferencia de lo que ocurrió en Carnaval, esta vez el calendario también jugó su partido. El 24 de marzo empujó una agenda más vinculada a actividades culturales, actos conmemorativos y propuestas públicas sin costo, lo que redujo el peso del consumo recreativo clásico. A eso se sumó otro elemento clave: la cercanía con Semana Santa, uno de los fines de semana turísticos más fuertes del año, que muchos ya empiezan a reservar con anticipación.
En la provincia de Buenos Aires, el movimiento fue dispar. En la Costa Atlántica, destinos como Mar del Plata, Villa Gesell, Pinamar y Necochea registraron un tránsito moderado, condicionado por el clima y por un viajero que decidió salir, pero sin hacer grandes gastos. En el caso de Mar del Plata, la ocupación hotelera rondó el 42%, un nivel correcto, aunque lejos de los picos de la temporada alta.
La dinámica fue distinta en varios puntos del Interior bonaerense, donde crecieron las escapadas de cercanía. Localidades como Tigre, San Antonio de Areco, Tandil y Chascomús captaron parte de esa demanda con turismo rural, naturaleza, paseos cortos y propuestas gastronómicas o culturales más accesibles. Ahí también jugaron fuerte las fiestas populares y las actividades locales, que siguen siendo un salvavidas para sostener el flujo turístico.

Dentro de ese escenario de consumo retraído, uno de los datos que más atención generó fue la presencia de visitantes extranjeros. Tanto CAME como la Secretaría de Turismo nacional vienen detectando una mejora en el turismo receptivo, sobre todo en grandes ciudades y polos consolidados. A comienzos de marzo, el Gobierno nacional informó una suba interanual del 4,5% en los arribos de turistas internacionales durante las primeras semanas del año.
Así, el saldo del feriado dejó una tendencia cada vez más clara: el turismo se mueve, pero cambió de lógica. Hoy no manda tanto la cantidad de gente en la ruta, sino cuánto está dispuesta a gastar. Y en ese terreno, el mensaje del fin de semana largo fue contundente: más escapadas sí, pero con calculadora en mano y un consumo cada vez más flaco.