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El Corso Costero de Santa Teresita: comparsas, guerra de espuma y verano a pleno
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Hay festejos que más que ser un atractivo para los turistas, son los impulsores del verano de una localidad. El Corso Costero de Santa Teresita es un claro ejemplo de esto: es un barrio, una calle, es música a todo volumen que se escucha a dos cuadras, es un pretexto para darle un destino a una caminata nocturna. No es solo ver comparsas pasar; es un rito de vereda, con familias enteras que llegan temprano y grupos de amigos que se suman ya con todo encendido.
Para quienes llegan desde otras localidades, el plan del Corso empieza bastante antes de que suenen los primeros tambores. El horario de llegada —si entrás a la tarde o ya de noche— termina ordenando el resto: dónde dejás las cosas, si comés antes, si te conviene pasar por el alojamiento o ir directo al centro. Por eso, si querés asegurarte la noche de carnaval sin improvisar, lo mejor es mirar con tiempo los pasajes a Santa Teresita en micro y elegir una salida que te deje margen para instalarte y moverte sin apuro.
El Corso tiene una estructura básica y funcional. Se escenifica a lo largo de la costa, con un punto de paso obligatorio en los últimos años: la intersección de Costanera y Avenida 41, y comienza al atardecer (el horario perfecto para aprovechar que el calor no es tan intenso). Lo curioso es que no es un espectáculo lejano, se puede participar e involucrarse con los locales.
Las comparsas y murgas, por supuesto, son la principal atracción. La gracia está en el contraste entre el brillo y la dinámica de un grupo de ensayo, el bombo, las coreografías y el impacto de las murgas cuando la gente participa. No es un desfile perfecto y por eso es ideal. Hay algo de más auténtico que de prolijo, de más familiar que de espectacular.
La fiesta de la espuma es digna de su párrafo porque, a pesar de ser descrita como una anécdota, es una de las piezas clave de la noche. Altera radicalmente la situación: de espectador a protagonista. Es el plan perfecto para familias con niños y para los jóvenes; se convierte en el plato principal.
También está el aspecto más práctico y social: el buffet, la parrilla, los puestos, posiblemente una banda en vivo o algo de música para cerrar la noche. En los últimos años el evento ha incluido juegos, sorteos, premios de disfraces, comer algo y simplemente disfrutar sin prestarle mucha atención al tiempo. En febrero, cuando el verano está en pleno apogeo, este tipo de planes nocturnos al aire libre suelen parecer la mejor parte del día.
En el Corso Costero, no obstante, se condensaron un par de aspectos con que Santa Teresita suele deslumbrar: la diversión sin tener las mismas presentaciones de la organización de un megaevento. Es una actividad de barrio, familiar y con el barullo festivo que se presenta como algo espontáneo cuando la gente invade la calle.
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