El Partido Justicialista (PJ) de la provincia de Buenos Aires cerró una etapa de tensión interna y selló un acuerdo político para evitar una elección partidaria: el gobernador Axel Kicillof será el nuevo presidente del PJ bonaerense, en reemplazo de Máximo Kirchner, tras intensas negociaciones entre los principales sectores del peronismo provincial.
La confirmación se dio luego de que ambos sectores, el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), alineado con el gobernador, y La Cámpora, que responde al cristinismo representado por Máximo Kirchner, lograran un entendimiento para conformar una lista de unidad y evitar así una interna partidaria programada para el 15 de marzo.
Según lo acordado, Kicillof asumirá la presidencia del PJ bonaerense el 15 de marzo de este año, mientras que la vicegobernadora Verónica Magario será vicepresidenta primera. El esquema incluye además a Federico Otermín como vicepresidente segundo y a Mariano Cascallares como secretario general, en un reparto de cargos que intenta equilibrar fuerzas dentro del partido.

Como parte del pacto, Máximo Kirchner ocupará la presidencia del Congreso partidario, el órgano deliberativo donde se discuten cuestiones estratégicas para la vida interna del PJ, y Leonardo Nardini seguirá al frente de la Junta Electoral partidaria, un rol clave de cara a las futuras elecciones provinciales y nacionales.
La firma del acuerdo responde a una etapa de negociaciones que, según dirigentes presentes, se extendió desde el martes anterior y que buscó sellar consensos entre las principales corrientes para evitar una batalla interna que podría dividir al peronismo en plena carrera hacia 2027.
Desde el kicillofismo, la lectura predominante es la de una “nueva etapa” de unidad partidaria, con el foco puesto en respaldar la gestión provincial y en construir un proyecto político con proyección nacional, incluso ante la posibilidad de que Kicillof sea parte de la escena presidencial en 2027.

En el camporismo, la narrativa destaca el “gesto” político de Máximo Kirchner por haberse corrido de la presidencia del PJ para facilitar el acuerdo, presentándolo como un acto de responsabilidad política orientado a la unidad del peronismo bonaerense y a la continuidad de la agenda opositora frente al gobierno nacional.
Esa lectura también fue acompañada por mensajes de dirigentes cercanos al cristinismo, que en redes sociales resaltaron la actitud de Máximo como ejemplo de priorizar intereses colectivos por sobre personales, un argumento repetido por figuras del sector para justificar el respaldo al entendimiento alcanzado.
Pese a la unidad formal, el contexto previo reflejaba tensiones pronunciadas: antes de llegar al acuerdo, dirigentes del entorno de Kicillof habían expresado públicamente su intención de disputar el liderazgo del PJ frente a Máximo Kirchner, en lo que fue considerado por diversos analistas como una pulseada interna con implicancias para las elecciones de 2027.
Con este acuerdo, el PJ bonaerense no sólo cerró una disputa partidaria interna, sino que también lanzó un mensaje de cohesión frente a los desafíos electorales venideros, al tiempo que define cómo se repartirán los lugares de poder dentro de un partido clave para la estructura política argentina, antes de la presentación de listas y campañas, y en medio de un escenario nacional altamente competitivo.