Este verano, el chipá se convirtió en el snack estrella de las playas de Mar del Plata y comenzó a disputarle el lugar histórico a los churros y bizcochitos de grasa. Cada vez más vendedores bajan a la arena con bandejas repletas de roscas doradas, que se agotan rápidamente en los días de sol y alto movimiento turístico.
Uno de los factores clave de este crecimiento es su condición de alimento sin TACC, lo que lo vuelve una opción segura para personas con celiaquía y atractivo para quienes eligen dietas libres de gluten. El cartel “gluten free” se transformó en una herramienta central de venta, especialmente entre mujeres jóvenes y familias que buscan alternativas menos procesadas.
La modalidad de venta también marca una diferencia. A diferencia del chipá tradicional en bollos, el que llega a la playa se presenta en forma de rosca, con un peso aproximado de 200 gramos y servido caliente, una característica que potencia su sabor y explica la alta rotación del producto durante la jornada.

El fenómeno no se limita a la costa. En la ciudad, proliferaron locales especializados que ofrecen chipá como producto principal, con variantes saborizadas y nuevas propuestas como el “chipandwich”, reflejo de una demanda en crecimiento y de la adaptación del clásico guaraní al consumo urbano.
Vendedores y productores aseguran que el ritmo de ventas es sostenido incluso fuera de la playa, y que en días favorables se puede liquidar una bandeja completa en pocas horas. La organización detrás del circuito de producción y distribución permite mantener calidad y abastecimiento diario durante toda la temporada.
De origen ancestral y fuerte arraigo en la cultura guaraní, el chipá logró reinventarse y conquistar nuevos públicos. Su desembarco en la arena marplatense confirma una tendencia gastronómica del verano: tradición, practicidad y consumo consciente se combinan en un snack que ya se instaló como protagonista.