El Partido Justicialista bonaerense vive una interna cada vez más tensa que expone las diferencias entre el gobernador Axel Kicillof y el sector ligado a Máximo Kirchner y La Cámpora, en un pulso que trasciende la simple disputa por la conducción local y abre interrogantes sobre la estrategia rumbo a 2027.
El cronograma electoral interno quedó fijado para el 15 de marzo de 2026, fecha en la que se renovarán autoridades del PJ en territorio bonaerense, con plazos definidos para la presentación de candidaturas y la validación de padrones. Este calendario activó inmediatamente los movimientos de afiliaciones y estrategias políticas entre las distintas facciones.
La batalla por el control del padrón de afiliados se instaló como uno de los ejes de la disputa interna, ante el temor de que listas infladas o no depuradas inclinen la balanza a favor de alguno de los sectores en pugna. En ese marco, la conducción partidaria solicitó a la Justicia Federal una depuración exhaustiva de las listas, un paso clave para garantizar la transparencia de los próximos comicios.

El actual presidente del PJ bonaerense, Máximo Kirchner, referente de La Cámpora, enfrenta el avance del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el espacio impulsado por Kicillof para consolidar su liderazgo provincial y proyectarse hacia una influencia nacional más marcada. La puja es tanto organizativa como simbólica: quién conduce el PJ bonaerense hoy tendrá una posición estratégica para definir alianzas y candidaturas de cara a 2027.
En paralelo al debate administrativo, en el seno del peronismo bonaerense crecen las tensiones políticas. Sectores vinculados al kicillofismo vienen criticando a La Cámpora por la falta de diálogo y apertura a un consenso amplio, mientras que desde el camporismo buscan mantener la conducción y evitar que el Gobernador se convierta en el principal referente partidario.
La elección interna también generó disputas abiertas en redes y en las calles, con críticas públicas a la conducción actual del PJ y reclamos para que el partido se “abra” y deje de funcionar como un feudo de un sector particular. Estas tensiones reflejan una fractura que no es solo técnica sino también ideológica y estratégica. Un allegado al camporismo señaló: “aquel que no se afilió en estos cuatro años fue porque no quiso” y aseguró que "no hay forma" de modificar lo establecido.

En medio de este clima, Kicillof busca consolidar apoyo territorial y alianzas, apoyándose en intendentes y dirigentes que ven en su liderazgo una alternativa al predominio de La Cámpora en la Provincia. Sectores del peronismo interiorizado en el armado político dan señales de respaldo a posibles candidaturas alineadas con el gobernador, como la de la vicegobernadora Verónica Magario junto al platense Julio Alak, un binomio que algunos referentes promocionan para conducir el PJ.
Mientras tanto, desde el cristinismo se mantienen firmes en retener la estructura partidaria y en posicionar a sus propios referentes, con miras no solo a defender el espacio dentro de la Provincia sino también a seguir influyendo en la conducción nacional del peronismo. Esta interna bonaerense, lejos de ser un conflicto aislado, ya empieza a verse como un termómetro de las mayores disputas que tendrá el peronismo en los próximos años.