Una jornada de verano que había empezado tranquila en las playas de Santa Clara del Mar se transformó en tragedia el lunes 12 de enero, cuando una ola gigante sorprendió a miles de turistas y bañistas en plena tarde. El fenómeno dejó al menos un muerto, un joven de 29 años que fue arrastrado y golpeó su cabeza contra las rocas, y unas 35 personas heridas, muchas con golpes y raspaduras, según confirmaron autoridades de Defensa Civil de la provincia de Buenos Aires.
El repentino aumento del nivel del mar, que algunos testigos describieron como una “pared de agua” de hasta cinco metros de altura, generó escenas de pánico en la Costa Atlántica. Antes de la llegada de esa ola, el mar se había retirado varios metros de la orilla, dejando a la vista sectores de arena que minutos después quedaron bajo una masa líquida que arrastró sombrillas, reposeras y a muchas personas desprevenidas.
Especialistas explicaron que este fenómeno no se trató de un tsunami tradicional provocado por un movimiento sísmico, sino de un evento climático súbito conocido como virazón o meteotsunami. En estos casos, cambios bruscos en la dirección o en la presión del viento pueden empujar el agua contra la costa y provocar crecidas inesperadas del nivel del mar en cuestión de minutos.
Según geólogos consultados, en la tarde del lunes los vientos pamperos que soplaban hacia mar adentro rotaron de forma repentina al sudeste, lo que habría impulsado la masa de agua de vuelta contra la costa con fuerza inusual. Este tipo de virazones se conocen en la región, aunque eventos de tal magnitud son poco frecuentes y difíciles de prever.
La fuerza de la ola obligó a guardavidas y equipos de emergencia a actuar de inmediato para rescatar a bañistas atrapados por la corriente y ayudar a los heridos, mientras autoridades recomendaban la evacuación preventiva de las playas por si se producían nuevos cambios repentinos en el oleaje.
El impacto no se limitó exclusivamente a Santa Clara del Mar: zonas cercanas como Mar del Plata y Camet Norte también sintieron la crecida inusual del mar, con testimonios de personas que vieron cómo el agua avanzaba varios metros tierra adentro y retrocedía con violencia. Las autoridades siguen evaluando el suceso y destacaron la necesidad de alertar mejor a los veraneantes sobre estos fenómenos meteorológicos imprevisibles.