Cristina Kirchner encara un 2026 clave para su influencia en el peronismo, golpeada por internas, derrotas electorales y disputas con uno de sus aliados históricos, Axel Kicillof, buscará retomar el liderazgo desde su departamento en San José 1111, en el barrio Constitución (CABA).
La expresidenta enfrenta el desafío de relanzar su liderazgo después de un año en el que las internas del justicialismo se hicieron visibles en disputas públicas por estrategias electorales y posiciones de poder. A su vez, la distancia entre sus aliados y la imposibilidad de ejercer cargos públicos en cumplimiento de su condena, han mermado la capacidad de influencia sobre sectores del peronismo, que proclaman un "cambio de aire".
En este sentido, se suma la relación distante con el gobernador Axel Kicillof, una de las figuras más fuertes del peronismo bonaerense, está marcada por roces, signos de distancia y definiciones políticas que no siempre convergen, a pesar de coincidencias tácticas en algunos temas. Además, el alejamiento se da en un contexto donde el mandatario bonaerense busca subirse al ring de la política nacional y con proyecciones a disputarle el mando a Milei en 2027.

En la Provincia de Buenos Aires, el mandato de Máximo Kirchner al frente del PJ bonaerense está por vencer y anticipa una interna donde el cristinismo junto a La Cámpora deberán defender su lugar frente a sectores alineados con Kicillof y otros referentes territoriales.
Esa disputa interna en el PJ bonaerense se vive, de hecho, como un reflejo más amplio del peronismo nacional: dirigentes peronistas buscan definir si la conducción partidaria seguirá con peso del cristinismo o se inclinara hacia un liderazgo más territorial y pragmático.
Aunque cristalizó señales de tregua en algunos momentos, como intentos de bajar la tensión por el desdoblamiento electoral en la Provincia, la desconfianza interna persiste, según dirigentes de distintas líneas internas.

El cristinismo promovió iniciativas como el frente “Primero la Patria” para intentar reunir a gobernadores, legisladores y dirigentes bajo un liderazgo simbólico que aún conecta con la figura de CFK, aunque con menor eficacia movilizadora que en el pasado.
Pese a ello, sectores provinciales y bonaerenses del peronismo discuten su rol, consolidando candidaturas y alianzas que no siempre pasan por la conducción directa de la expresidenta.
La interna bonaerense del próximo 15 de marzo se perfila como un test electoral temprano para medir fuerzas entre el kicillofismo, el cristinismo y otros espacios, con nombres como Verónica Magario o Julio Alak circulando como posibilidades de consenso o confrontación.

En paralelo, el peronismo a nivel nacional busca evitar una fractura abierta, aunque muchos dirigentes admiten que una interna en 2027 parece cada vez más probable si no se logra una síntesis de sectores.
La pulsión por renovación interna del PJ bonaerense también marca un replanteo generacional dentro de la fuerza, con intendentes y legisladores que pretenden definir su propio proyecto político sin depender exclusivamente de la figura de CFK.
Así, el liderazgo de Cristina Kirchner, aunque todavía influyente en ciertos sectores, transita un momento de retroceso relativo frente a la emergencia de nuevos liderazgos provinciales y la necesidad del peronismo de reconstruir un proyecto unificado de cara a 2027.