jueves 18 de octubre de 2018 - Edición Nº749
Cronos Noticias » En Foco » 21 ago 2018

Bitácoras bonaerenses

¿Seguridad? No, educación: el “fierro caliente” del gobierno de Vidal

Los escenarios desarrollados durante su gestión fueron derivando en un combo que apunta a posarse sobre un abismo. La tragedia de la escuela de Moreno y otros episodios configuran un escenario cargado de tensiones.


Por Juan Alfaro (ALFA) | @alfajuan

La cuestión de la seguridad/inseguridad fue el punto nodal y más conflictivo para cualquier gobernador bonaerense. Las administraciones de Carlos Ruckauf, Felipe Solá y Daniel Scioli tuvieron sus principales sacudones de gestión en temas relacionados con la inseguridad y distintas reformas de la cúpula de la Policía Bonaerense. Desde el excarapintada Aldo Rico, como ministro de Seguridad, y su escandalosa salida, hasta los lamentables Casos Pomar y Candela, “las manos atadas” de Scioli y el cruce con Néstor Kirchner, la creación de la Policía Local y otros tantos hechos. En general, ser mandatario bonaerense era tener a la inseguridad como principal foco de tensión de gobierno, que mostraba su excesiva repercusión repetitiva en las grandes corporaciones mediáticas. Con María Eugenia Vidal la inseguridad no se fue ni disminuyó. Las reformas policiales y algunos retoques, más las quemas públicas de marihuana y los “golpes al narcotráfico” de menor relevancia, son parte de las políticas de seguridad que implementa el gobierno de Cambiemos. De la mano de la amistad con las grandes corporaciones, los temas de inseguridad no dominan reiterativamente esos medios periodísticos, más allá del escándalo que se desató por el cruel asesinato del colectivero Leandro Alcaraz en Virrey del Pino o el reciente crimen de la oficial Lourdes Espíndola cuando esperaba un colectivo al salir de su trabajo, en el partido de Ituzaingó. Los problemas de inseguridad siguen día a día, pero no representan el principal foco de conflicto para la gestión Vidal. De hecho, su ministro de Seguridad, Cristian Ritondo, sigue en su cargo (contrario a la suerte de sus antecesores). En la administración de “Mariu” el llamado “fierro caliente” es la Educación, con todas las problemáticas que se fueron gestando, una atrás de la otra, hasta terminar en la situación actual que, dicho sea de paso, está con final abierto. El principal foco.

Lejos quedó aquella foto de la reunión que tuvieron docentes del entonces Frente Gremial con Vidal el 16 de diciembre, en el Salón de Acuerdos de Gobernación. En 2016 el acuerdo salarial con los docentes fue en tiempo y forma, un febrero, sin muchos sobresaltos, más allá de los reclamos gremiales por materiales didácticos y condiciones de infraestructura edilicia. Pero fueron las peripecias económicas de ese año, más la inflación galopante y los tarifazos que derivaron en un 2017 –año electoral– como el preludio de lo que se vendría. El año pasado, Vidal eligió confrontar los docentes, claro con la diferenciación discursiva que intenta hacer entre los “docentes malos” (principalmente los afiliados a sindicatos) y los “docentes buenos”. Las condiciones económicas y políticas, en un escenario que estaba caldeado por la baja oferta paritaria de la Provincia a los maestros, tuvo su pico alto con la ya famosa frase de Vidal contra los maestros: “Es hora que los dirigentes gremiales docentes se sinceren y digan si son kirchneristas”. Ese año, las elecciones legislativas jugaron su rol central sobre la contienda docente. Hábil, Vidal aprovechó el conflicto salarial y lo sumergió en la polarización Cambiemos-Kirchnerismo, con una vieja receta que implementó Scioli en su momento: dirigir la disputa mediática discursiva sobre la figura del líder del Suteba, Roberto Baradel. Tras la pulseada feroz, con un total de 17 días de paro a lo largo de cuatro meses, en julio de 2017 los docentes aceptaron la oferta salarial con un promedio de 24 por ciento de aumento. Los antecedentes.

Este 2018, la trama intentó ser igual, aunque las contingencias sumaron en protagonismos. El octavo mes del año se va sin una paritaria cerrada, un record que tiene el grado de llevarse la administración Vidal en relación a sus antecesores. Desde Gobernación apelaron a la misma estrategia, plantarse en un aumento porcentual del 15 por ciento ordenado por la Casa Rosada como “inamovible”. Polarizar con Baradel, cargarle “intencionalidad política” a las medidas de fuerza y las irrupciones de Vidal en los medios amigos, fueron parte del plan para encarar la paritaria este año. El logro inicial de la Gobernadora en su estrategia de negociación con los gremios docentes tuvo impacto en la opinión pública, la división implícita ante la sociedad, entre los “docentes malos” y los “docentes buenos”, hizo que en principio los gremios no apelaran al paro como método de presión en la negociación, por temor a esa estigmatización generada por Vidal en la sociedad. Pero, al calor del cimbronazo de la crisis del dólar iniciada en abril, la inflación que en seis meses superó la expectativa anual y los tarifazos que no paran, el escenario fue virando hacia una zona gris donde la estrategia de Vidal y su equipo no encajó con la realidad palpable. El combo educativo se fue transformando en un fierro caliente que aún tiene sus secuelas. La gestión de Alejandro Finocchiaro en la Dirección General de Cultura y Educación pasó e hizo el trabajo que le marcaron desde La Rosada y Calle 6. Fue la gestión del economista Gabriel Sánchez Zinny la que sacudió los principales escenarios docentes hasta derivar en la triste y evitable explosión en la Escuela de Moreno, donde dos personas perdieron su vida. La creación de Vidal y un “rival” estigmatizado.

El 3 de agosto pasado, Vidal y los bonaerenses se dieron cuenta de que el conflicto docente no sólo se trataba de disputas salariales y estigmatizaciones políticas. La realidad pegó duro: en el humilde barrio de San Carlos, del municipio de Moreno, la explosión en la Escuela N° 49 Nicolás Avellaneda dejó sin vida de Sandra Calamano (48), la vicedirectora, y Rubén Orlando Rodríguez (45), el auxiliar. Por diez minutos (quizá menos), la postal no se trasformó en tragedia. Los niños y niñas que asisten al establecimiento estuvieron a ese tiempo de llegar a tener clases, como todos los días. La increíble escena, la tragedia que pudo haber sido peor, dispersó sobre el mundo educativo una realidad triste, dolorosa y preocupante. Las terribles condiciones edilicias que tienen casi todos los establecimientos educativos en la Provincia, con los riesgos de vida, asimilados como reales tras la muerte de Sandra y Rubén, se dispersaron por todas las escuelas entre docentes, alumnos, padres y madres. El miedo se esparció y más allá de que en las corporaciones mediáticas ese hecho ya no sea noticia, en la provincia de Buenos Aires el mundo educativo está convulsionado. No sólo porque comienzan a surgir casos de docentes o auxiliares heridos por algún cable suelto que tiene electricidad o por una fuga de gas o diversas problemáticas de principios del siglo XX, sino porque el malestar en ese mundo educativo crece día a día. La adversidad menos pensada.

Poco a poco, docentes y auxiliares comienzan a masticar bronca; se sienten abandonados y hasta maltratados. Una tragedia sacudió a su sector y la reacción de Vidal y sus ministros no fue la esperada. Muchos docentes y auxiliares sumaban la masa de “desencantados” de Cambiemos, tras las calamidades económicas producto de la “tormenta”. Pero la tragedia de Moreno puso a este sector más en alerta, en protagonismo dentro de los “desencantados”. Según diversos analistas, la baja en las encuestas de Vidal, que llevó incluso a que en varias mediciones la imagen negativa superase a la positiva, tiene tres factores principales: el arrastre negativo de Mauricio Macri y los efectos de la economía; las denuncias de aportes truchos, y el escenario docente. En este último, analistas recuerdan que gran parte de la base electoral de Vidal fueron precisamente los docentes quienes, según los estudios, fueron víctimas de las principales medidas de ajuste de la Gobernadora. De la mano de Sánchez Zinny, a quien en los pasillos de la política bonaerense se lo conoce como “el ajustador”, la gestión Vidal perpetró varios conflictos con los docentes. El cierre de ocho escuelas del Delta de San Fernando, las jubilaciones de oficio a docentes, la disolución de la Unidad Ejecutora Provincial, la quita de subvenciones a la Cruz Roja Argentina, cambios en la configuración y funciones de los Equipos de Orientación Escolar, cierres de escuelas, la falta de inversión en infraestructura escolar, la negligencia en la explosión de la Escuela de Moreno, son parte del menú del “ajustador” en la Provincia. La oposición pidió su interpelación en la Legislatura o al menos que asistiera a dar explicaciones por todo este combo de medidas. El funcionario de Educación hizo caso omiso a cualquier convocatoria, hasta la desprestigió: prefiere hacer notas con medios amigos o mandar a su segundo, Sergio Siciliano. La oposición pidió su renuncia. Desde Gobernación ni siquiera lo ratifican, simplemente desoyen esos pedidos a los que tildan de “movidas políticas”. “Sánchez Zinny no tiene nada que perder, no viene a hacer una carrera política, viene de lo privado”, dicen en los pasillos de Cambiemos. Quizá esa lógica sea la que prime en la actitud del encargado de la Educación bonaerense. Mientras tanto, en voz baja, sin los micrófonos de los medios periodísticos, los desencantados del sector docente van sumando su número día a día. Las calamidades de la economía, la pelea del sector con Vidal, su estigmatización y la tragedia de Moreno son condimentos para ese desencanto. El dato político (al final todo termina en la política) es que Vidal (que hace y ejerce la política) suma día a día más enemistades con docentes y auxiliares que, dicho sea de paso, no son una mafia con la cual pelear o sindicalistas manchados por la corrupción. Son trabajadores, que laburan en condiciones muchas veces deplorables y que, en esta gestión, dos de ellos perdieron la vida por la negligencia del Estado.

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