La vicepresidenta Victoria Villarruel reavivó este viernes la interna del oficialismo al cuestionar la apertura irrestricta de importaciones impulsada por el Gobierno de Javier Milei. Lo hizo tras el fallo de la Corte de Estados Unidos sobre aranceles y apuntó contra el rumbo económico, al advertir que la medida profundiza la dependencia de China y debilita la producción nacional.
No es la primera vez que la titular del Senado toma distancia del Presidente. Desde el inicio de la gestión libertaria mantiene diferencias sobre la política industrial, y ya el año pasado había deslizado críticas a la falta de protección para sectores estratégicos, en un contexto de recesión, caída del consumo y tensiones crecientes con el entramado fabril.
Villarruel rechazó la decisión judicial estadounidense que anuló aranceles aplicados por Donald Trump. Pero aprovechó el escenario para fijar postura local y sostener que sin industria no hay proyecto de país, una definición que colisiona con el ideario aperturista de la Casa Rosada y expone una disputa de fondo sobre el modelo de desarrollo.
“Para Trump primero está Estados Unidos, para mí primero está la Argentina”, lanzó la vicepresidenta. Con esa frase buscó diferenciarse del credo libertario y plantear una defensa del mercado interno, en momentos en que el Ejecutivo acelera la desregulación y la baja de barreras comerciales como parte central de su programa económico.
La intervención pública coincidió con el cierre de la histórica fábrica FATE en San Fernando. La empresa, golpeada por la caída de ventas y el ingreso de neumáticos importados, dejará sin empleo a más de 900 trabajadores, un dato que encendió alarmas en el sindicalismo y sumó presión política sobre el rumbo industrial del Gobierno.
En clave política, el movimiento de Villarruel también busca construir volumen propio dentro de un oficialismo atravesado por tensiones. Mientras Milei redobla la apuesta por la apertura total, su vice ensaya un discurso más nacionalista y productivista, una dualidad que anticipa nuevos choques en la cima del poder.